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“Un milagroso recinto”

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La palabra es un milagroso recinto donde resuena el mundo. Se lleva uno a los oídos del alma la caracola de la palabra, y escucha en los valles de su ser cómo se hace música la existencia: los largos y antiquísimos temporales de lluvia encima de los bosques; el despertar ligero de las aves cuando las mañanas acuden, diáfanas, de su propia resurrección; el crepitar del fuego sobre los montes; los hombres y mujeres, eternos y como recién nacidos, que se miran unos a otros y se aturden. El universo todo es una música que resuena en el interior de la palabra. Vamos, de palabra en palabra, hacia el descubrimiento atónito de lo que somos y aún podemos ser todavía.

No hay hombre sin palabra porque no podríamos resistir un instante sobre el mapa de las relaciones. Hemos nacido para nombrarnos unos a otros y deletrear las cosas: piedra, río, flor, madrugada, selva, fuente, mediodía, cántaro… Si no se sabe decir amor, madre, hija, esposa, hermano…, no eres persona.

La palabra es la llave que facilita el acceso al prodigio. Imposible imaginar una especie muda, un universo mudo, calladas las selvas, sin canto las aves, sumidos en el silencio los ríos, sin canciones la presencia de las mujeres al término de la playa, los hombres detrás de sus carromatos sin decirse el uno al otro: buenos días, toma un trozo de pan, dame un trago de vino… Toda palabra trae entre sus sílabas las muestras de la santidad inicial de la tribu, y viene, magnífica y milagrosa, para poder reunirnos. La finalidad de la palabra es convertirnos en comunidad.

¿Qué sucede cuando la palabra se destruye? Que el hombre y la creación descienden de nivel. La palabra es la posibilidad más emocionante de supervivencia que tenemos como especie. Cuando se pierden el cuidado y la veneración por la palabra, están a punto de perderse también las relaciones que nos debemos los unos a los otros, que estamos puestos sobre la tierra para pronunciar: te quiero, mujer; toma esta manzana, hombre…

Si se convierte la palabra en herramienta de destrucción ha olvidado su misión. ¿Cómo nos vamos a dirigir hacia donde nuestro ser se encamina, si nos quedamos sin palabras?

Más, muchísimo más, que cuidarnos de aguantar y resistir sobre la intemperie de la tierra todavía –el trabajo y el bienestar, la comida y el vestido, los mares y los ríos– debemos ocuparnos en que no se convierta la palabra en grito de embestida y odio que destruye. La palabra es la estrella que nos orienta en la noche.

Valentín Arteaga

“María Elvira Lacaci”

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Hace días, no muchos, la verdad (pero en realidad no sé cuántos exactamente) por parte de una grandísima y espectacular amiga, tan grandísima como espectacular, recibí un poema. Un poema que jamás había leído, un poema de una escritora de quien jamás había oído mencionar y un poema el cual jamás de los jamases caerá en el olvido.

En principio, este poema no me dijo mucho, sí es cierto que me encantó de buenas a primeras ya no sólo por su sonido, por su rima y por su ritmo; sino también por su sentido, significado y sentimiento que plasma su autora, María Elvira Lacaci.

Tal fue el encandilamiento que me produjo su belleza que estos días, sin saber por qué, aunque si por quién, la necesidad que requería mi aliento para continuar en estos momentos en los que todos nos hemos encontrado alguna que otra vez, me hizo recurrir al poema que os hablo, el cual os comparto en unas líneas más abajo.

Bendito poema el que fui a recibir y bendita providencia la que hizo que dicha amiga me lo fuera a enviar para que no sólo cayera en mis manos para que mi corazón lo sintiera, sino para que también mis sentimientos, muchas veces, a Dios gracias, esporádicos y contradictorios a mis convicciones por causa de los tropiezos que según cuando la vida te origina, desaparezcan tan pronto como se avecinan.

Siempre que hablo de este poema o pienso en el mi convicción aumenta progresivamente cerciorándose de que es fruto de la divina providencia. Y os diré por qué, motivo que creo yo que entenderéis a la perfección en cuanto lo leáis. Motivo el cual no es ningún otro más que, porque las palabras del título de la poesía protagonista de hoy día “Te veo tanto” así como también las palabras de uno de sus versos, concretamente, el penúltimo “No te apartes Señor, Señor. Que yo te sienta” resultan ser el espejo en donde los sentimientos de María Elvira Lacaci, la autora del poema, se reflejan con los míos cuando en Dios pienso, cuando con Dios camino y cuando junto a Dios vivo.

“Te veo tanto”

Te veo tanto, Dios, en lo mudable,

en las pequeñas cosas que creaste,

que a menudo

tu aliento en su materia me intimida.

Y anhelo tu presencia,

tu contacto en mi alma

desasida de roces. De contornos. De aromas.

Pero sentirte así tan allegado

en cada cosa que a mis ojos nace,

me hace daño Señor.

Te quiero cerca. Pero así tanto, tanto…

Cobrando dimensiones gigantescas

no te puedo llevar.

Y,

bruscamente,

aparto la mirada

de un guijarro,

de una flor con rocío,

de un bello animal…

por donde asoman

tus misteriosos ojos a la Vida.

Tienes que disculpar que yo rehúya

esta vivencia tuya que me encorva,

ese profundo grito que me invade

más allá de lo humano

de mis huesos.

Mi materia es endeble

y Tú te adentras

como saeta azul por sus tejidos.

Y, a veces,

resquebrajarse teme

con tu peso.

Tu peso sin medida. Solo viento.

Celeste viento fuerte que me ciega

si no bajo los párpados. Herida.

No te apartes, Señor. Que yo te sienta.

Pero así, tanto, tanto…

María Elvira Lacaci

Eva Sena

“Fotografía y Fe”

FOTOGRAFIA ISAAC

La fotografía no es sólo plasmar lo que hay delante de la cámara. Es una visión subjetiva de la realidad, condicionada por ángulo, encuadre, lapso de tiempo. El fotógrafo, en tanto que artista, utiliza estos usos técnicos para expresarse.

El pintor René Magritte hizo un cuadro llamado “ceci n´est pas une pipe”, “esto no es una pipa”. En la que se muestra una pipa, una representación de una pipa. En una obra fotográfica siempre veremos una representación de la realidad.

Henri Cartier-Bresson, describía su fotografía como la del “momento decisivo”. Una décima de segundo que hará que un disparo sea totalmente distinto al de la décima siguiente, y uno sólo sea el momento perfecto. O como Elliot Erwitt, seleccionando motivos “con ojo”, situándose al momento del disparo en el ángulo y tiro de cámara perfecto. O como Irving Penn, orquestando el motivo a fotografiar, luz,  colocación, fondo,…

La fotografía es un buen medio para expresarse en un plano bidimensional.

Ahora viene lo complicado. Cómo expreso por medio de la fotografía mi Fe.

Bueno, no es tan difícil. Mostrando belleza.

Belleza y arte van juntos.

Un valle a contraluz, una mirada penetrante, un bodegón en el que “tocas” las cosas que aparecen. Por un lado el elemento a fotografiar y por otro la herramienta a usar.  El éxito de la imagen está en que sirva para provocar sensaciones, sentimientos que armonicen en tu interior, en lo bello. No comentaré sobre algún arte tipo trasgresor, que quizá busque lo contrario. Conscientemente no puedo mostrar fealdad, necesito que mis fotos muestren belleza.

Como católico hay otro aspecto que me interpela en esta actividad. Y es el de saberse agraciado. Necesito dar gracias a Dios por unos dones que me ha regalado para poder desarrollar una actividad.  Y compartirlos con los demás mostrando esas obras.

Isaac Abad,

“Verano y fe”

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De nuevo yo, de nuevo El, de nuevo una hoja en blanco sin saber que poner tras el caos que me supone muchas veces el no saber que hacer y de nuevo El diciéndome que Enero, Septiembre, Abril, Julio, Febrero, Noviembre o el mes que quiera que sea o que fuere está siempre y recordándome a cada instante que Invierno, Otoño o Verano, da igual la estación del año que estemos pisando, Él está incesantemente.

De esto quería hablaros hoy, hoy que es 02 de Julio, fecha en la que creo que, por fin, ya se ha ido esta pesada ola de calor y fecha que nos indica el principio de las vacaciones para la inmensa mayoría de nosotros; lo cual nos implica en pensar en playa, en pensar en conocer el destino que tenemos planeado para veranear, en pensar en irnos de terrazas, en olvidarnos un poco (por no decir bastante) del estrés y de las responsabilidades del trabajo, en pensar en disfrutar al máximo los largos días que nos ofrece el verano y en pensar en aprovechar el buen tiempo que nos brinda esta estación, el verano, la estación preferida por casi todos nosotros.

Os lo tengo que reconocer, no os lo puedo ocultar, yo, hasta ayer mismo he pensado exactamente en lo mismo y sigo pensándolo, pero de un modo algo distinto. Al igual que también he estado, desde hace meses, contando los días para que llegase este verano; el cual será un nuevo verano con nuevos planes añadidos a los que tengo de costumbre, con nueva gente sin olvidarme de la de siempre y con nuevas experiencias ya bien inesperadas por mi sorpresa o ya bien deseadas por mis ganas de vivirlas.

Así como os he dicho que sigo pensando exactamente en todo esto que os he mencionado lo que con algún que otro matiz agregado, dejadme por fa, que os cuente el motivo de lo sucedido el cual me ha llevado a agregarle un solo pero importantísimo y vital matiz.

Veréis, hace un par de días, estaba preparando las cosas de la maleta que me tengo que hacer para irme estos cuatro días de escapada de finde largo, pensando en todo lo que me tengo que llevar, en lo que voy a tener que necesitar y demás, y de repente mi corazón sintió algo, algo que despertó el interés a mi razón y algo que me decía con absoluta firmeza y con tremebunda destreza: – ¿y yo? –

Pues es que es verdad, ¿y El? ¿Dónde le tenía el momento en que planeaba las vacaciones, el momento en que me las ingeniaba en cómo organizarme para disfrutar al máximo los largos días que nos regala el verano y el momento en que me las ideaba para aprovechar al 100% todos los días vacacionales que voy a vivir? Es más, sin ir más lejos, ¿dónde le tenía ayer, justo ayer, cuando estaba empezando a organizar los preparativos para la escapada? No puedo mentir, no le tenía en el mismo lugar que le tengo cuando necesito recurrir a El, ni en el mismo lugar que le tengo cuando las cosas vienen de la manera que no quiero que vengan y ni en el mismo lugar que le tengo cuando la desesperación intenta abarcar todo lo que mi ser pueda alcanzar. Simplemente y llanamente, no le tenía. Y así me van luego las cosas por no tenerle, mejor dicho, por no querer tenerle o por no querer percatarme de que le tengo. Porque tenerle, siempre le tenemos, siempre está, a la espera de todo, de lo bueno y de lo no tan bueno, sin importarle absolutamente nada, queriendo solamente estar con nosotros y contar con nosotros.

A raíz de ese sutil toque de atención que me hizo por su parte con su breve pero directa y razonable pregunta ¿y yo?, me paré a pensar y me dije a mí misma: -no señor, ni en mis planes de verano y ni en el lugar donde vaya a veranear mi fe no se va a quedar estacionada en la estantería como si de un libro de lectura más se tratase y mis compromisos con El no los voy a dejar anotados en la Agenda para a partir de los días de mi vuelta-  porque el Sí que le di a Él se lo di acompañado de cinco letras más que juntas suman la palabra siempre. Y siempre es siempre, independientemente de lo que me toque vivir e independientemente de los días que vayan a venir. Porque así es su siempre hacia nosotros, un siempre sin excepciones, sin reproches y sin vacaciones.

Es por ello que a mi lista de cosas que hacer en vacaciones he anotado unas cuantas más, como por ejemplo, ir a misa (aunque a la gente con que vaya no le guste mi plan) o como por ejemplo, también, agradecer a Dios por cada segundo de mi vida que me regala y por la gente tan insuperablemente maravillosa que me presenta.

Y, de lo que no me quiero olvidar de meter en la maleta es el evangelio diario, puesto que su palabra es vida y mi vida sin su palabra es ceniza, mi libro de oraciones las cuales me recuerdan que siempre hay un momento al día para dedicar mi intimidad a Dios y dejarle que entre en mi corazón conversando con El y sobre todo para escucharle, ya que como dice mi Santa, Santa Teresa: “rezar es encontrar el camino hacia Dios” y este es el camino del cual no me quiero desviar y en el cual me quiero dirigir, y como no, en mi maleta no puede faltar nunca un libro, y esta vez el libro escogido para vacaciones no va a ser uno de poesía (como siempre llevo) sino que va a ser el que muero de ganas por empezar a leer. Este es uno de los libros sobre Pablo VI, quien me tiene prendada hasta la médula desde que fui a su beatificación, libro que tiene por título “Pablo VI, ese gran desconocido” escrito por Manuel Robles Freire – os dejo el autor del libro por si os entra curiosidad tengáis los datos completos -.

Eva Sena,

“Jose Luis Martín Descalzo”

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Si la memoria no me traiciona me atrevo a deciros que nunca os he hablado de este gran poeta, de Jose Luis Martín Descalzo.

Debo mencionaros que es uno de los grandes de entre todos los poetas de esta época.

Por ello es, que, cada vez que una de sus poesías acaba siendo leída por mí en consecuencia a mi necesidad diaria de nutrirme de este fanatismo por la poesía que Dios me ha concedido, mi asombro no deja de deslumbrar a mi entusiasmo y éste es quien me insiste en que no me conforme con leer sólo una, sino que siga leyendo una tras otra.

De Jose Luis Martín Descalzo, toledano de nacimiento, podría compartir infinidad de poesías suyas, así como de cientos de escritos suyos en prosa, que por la cual ha obtenido diferentes premios. Pero como me resulta imposible incluiros tantos y tantos escritos por él, me he dedicado a seleccionar uno de los poemas que más me ha llenado y éste es el que aquí os regalo.

“Crucificado entre las dos ternuras”

Crucificado entre las dos ternuras
vivo, Señor. Hermanos, vivo
crucificado entre las dos ternuras.

Ah, si supierais cuánto amé a los hombres,
cómo en el dulce reino de la tierra quise
vivir, qué trozos de mi sangre
por el hombre daría.
Ah, si supierais qué dolor y cómo
me queman las palabras cuando grito
llamando a cada cosa por su insulto.

Cuántas veces y cuántas en la noche
me desperté llorando: el carnicero
dolor de preparaba. Yo sabía:
mañana sufrirán, mañana largos
batallones de muertos
posarán la cabeza entre un río de llantos.

“Mensaje a los artistas de Pablo VI”

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Y otro día más… y otro martes más… y otra publicación más…  Y es que no lo puedo evitar…

No puedo evitar, de tanto en tanto, el coger mi colección de escritos favoritos (colección en la cual no puede faltar documentos, escritos y demás en los que se mencionan a los artistas). Así como no puedo evitar tampoco el comentároslo y compartirlo con vosotros.

Hoy, os comparto no sólo una cosa, sino dos, más una confesión.

Hoy, a parte de compartir con vosotros este documento, comparto también mi devoción por Pablo VI y os confieso el origen de mi grandísima devoción por él. Devoción originada desde no hace mucho tiempo, a decir verdad. Exactamente desde su canonización que fue este pasado año, exactamente, el día 14 del mes de octubre.

No me pidáis porqué, pero desde que su canonización que fue cuando me empecé a interesar más profundamente por su vida y a leer y a estudiar sobre ella, de cada vez me ha ido entusiasmando más y más.

Y es esta tan profunda devoción la que me pide que os comparta uno de los documentos que os he mencionado al principio de este post, el cual es su carta a los artistas.

CLAUSURA DEL CONCILIO ECUMÉNICO VATICANO II

PABLO VI

MENSAJE A LOS ARTISTAS

A todos vosotros ahora, artistas, que estáis prendados de la belleza y que trabajáis por ella; poetas y gentes de letras, pintores, escultores, arquitectos, músicos, hombres de teatro y cineastas… A todos vosotros, la Iglesia del Concilio dice por nuestras voz: Si sois los amigos del arte verdadero, vosotros sois nuestros amigos.

La Iglesia está aliada desde hace tiempo con vosotros. Vosotros habéis construido y decorado sus templos, celebrado sus dogmas, enriquecido su liturgia. Vosotros habéis ayudado a traducir su divino mensaje en la lengua de las formas y las figuras, convirtiendo en visible el mundo invisible.

Hoy como ayer, la Iglesia os necesita y se vuelve hacia vosotros. Ella os dice por nuestra voz: No permitáis que se rompa una alianza fecunda entre todos. No rehuséis poner vuestro talento al servicio de la verdad divina. No cerréis vuestro espíritu al soplo del Espíritu Santo.

Este mundo en que vivimos tiene necesidad de la belleza para no caer en la desesperanza. La belleza, como la verdad, es quien pone alegría en el corazón de los hombres; es el fruto precioso que resiste la usura del tiempo, que une las generaciones y las hace comunicarse en la admiración. Y todo ello por vuestras manos.

Que estas manos sean puras y desinteresadas. Recordad que sois los guardianes de la belleza en el mundo, que esto baste para libertaros de placeres efímeros y sin verdadero valor, para libraros de la búsqueda de expresiones extrañas o desagradables.

Sed siempre y en todo lugar dignos de vuestro ideal y seréis dignos de la Iglesia, que por nuestra voz os dirige en este día su mensaje de amistad, de salvación, de gracia y de bendición.

8 de diciembre de 1965.

“Del Arte y la Medicina”

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Desnudo se siente el paciente al entrar en la consulta. Y no físicamente, no. Despojado quizás. Frágil, mejor. Detrás de su infinita mesa, el Médico. Revestido con blanca bata y amplios conocimientos. Amparado por su pantalla de ordenador y sin necesidad, en estos días, de siquiera mirar al de enfrente.

Desnudo también aquel que, sintiéndose artista, se mira por dentro y se expone. Frágil quien, tras ver una película, leer un libro, admirar una pintura… derrama una lágrima al verse reflejado en la obra de otro.

Y es que, ¿qué hay más humano que el arte? Y, más aún ¿qué disciplina necesita más de la humanización del mismo para dejar de ser impasible y tornarse acogedora?

En su carta a los artistas, Benedicto XVI dice: “La belleza auténtica (plasmada en el arte), abre el corazón humano a la nostalgia, al deseo profundo de conocer, de amar, de ir hacia el otro, hacia el más allá. Si aceptamos que la belleza nos toque íntimamente, nos hiera, nos abra los ojos, redescubrimos la alegría de la visión, de la capacidad de captar el sentido profundo de nuestra existencia, el Misterio del que formamos parte y que nos puede dar la plenitud, la felicidad, la pasión del compromiso diario.”

El arte forma parte imprescindible del ejercicio de la medicina y de la formación del médico pues es capaz, como dice Benedicto XVI, de tocar íntimamente al ser humano, de herirle y abrirle los ojos para apreciar y acompañar el sufrimiento del que se encuentra enfrente. Le hace capaz de experimentar y aceptar su propia fragilidad y solo así, poder comprender la fragilidad del otro. Creo que, sólo aquel que experimenta la desnudez de la debilidad, puede acercarse a un enfermo y darle consuelo. Y es por eso que el arte ha formado parte de la formación humana del médico desde los inicios de la práctica clínica, porque nos recuerda que tenemos al otro lado de la mesa, como médicos, a un semejante, desconcertado, frágil y, tal vez, enfermo; y nos recuerda la grandeza del Misterio del que formamos parte al poder tocar y cuidarle en la debilidad.

¿No fueron acaso los grandes médicos también poetas, también artistas? Entre ellos, Gregorio Marañón o José de Letamendi quién afirmaba rotundamente: “el médico que sólo sabe medicina; ni medicina sabe”.

¿No sería necesario que, entre clase y clase, los médicos también leyésemos poesía para poder decirle algún día a un paciente roto que se puede esperar como dice Machado en su poema, otro milagro de la primavera?

Al olmo viejo, hendido por el rayo 
y en su mitad podrido,
con las lluvias de abril y el sol de mayo
algunas hojas verdes le han salido.
[…] quiero anotar en mi cartera
la gracia de tu rama verdecida.
Mi corazón espera
también, hacia la luz y hacia la vida,
otro milagro de la primavera.

Inés de Medrano.

“EL CINE: ¿NARCOS O HÉROES?”

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El Cine: esa “caja mágica” que nos saca durante hora y media de nuestro mundo y nos abre la puerta a otros nuevos donde nos parece que conocemos a los personajes y sus circunstancias hasta el punto de emocionarnos, asustarnos, enfadarnos o incluso…hasta cambiarnos.

Dicen que este pequeño mundo del Séptimo Arte está en declive, que las películas son muy caras… casi tanto como una copa de Gin Tonic, pero la realidad es que desde su invención ninguno hemos logrado escapar de su influencia.

Desde pequeña algunas de las primeras películas que recuerdo que mis padres me ponían para entretenerme en casa fueron La Canción de Bernadette, Capitanes Intrépidos o Siete Novias para Siete Hermanos. Podía pasarme horas y horas frente a la TV, hipnotizada del mismo modo que los niños de ahora se mueven al ritmo de Baby Shark o Pocoyó. Hoy, soy consciente (aunque sinceramente no creo que mis padres lo fuesen) que esas primeras películas “educaron, en cierto modo, mi conciencia”. Ya no buscaba simplemente VER sino también ESCUCHAR grandes historias.

Los Papas se dieron cuenta, desde su inicio, del ENORME PODER DEL CINE. Ya Pio XII en los años 50 dedicó una encíclica a un exhaustivo análisis que, todavía hoy, no puede estar más de actualidad: “Estos medios técnicos -que están, puede decirse, al alcance de cualquiera- ejercitan un extraordinario poder sobre el hombre, conduciendo así al reino de la luz, de lo noble, de lo bello, como a los dominios de las tinieblas y de la depravación” (Miranda Prorsus).

El Cine es Arte, sin duda, pero se rige por su faceta de “Industria” y somos nosotros quienes marcamos su dirección: lo que consumimos con nuestra entrada en las salas, o nuestro “click” en las plataformas se convierte automáticamente en un “voto” de hacia dónde queremos que se dirijan las nuevas tendencias y lo que queremos ver y conocer. ¿O nos hemos dado cuenta de que cuando se estrena una película de superhéroes, de catástrofes naturales o de Ovnis, curiosamente unos meses después llegan a las carteleras otras 3 o 4 de similar temática?.

En Estados Unidos lo han aprendido bien y desde hace unos 5 años, el cine con valores y trasfondo de Fe, ha pasado de ser residual a ocupar los primeros puestos en la cartelera y contar, poco a poco a poco, con cada vez mayor presupuesto. Algunos ejemplos son las películas October Baby, Son Of God o más recientemente la película Unplanned.

En Europa nos queda todavía un largo camino por delante. Sin duda hubo una película nos hizo abrir la mirada: La Pasión de Cristo y desde entonces podemos decir que también aquí ha comenzado una revolución de los valores: La película Bella nos levantó a todos del asiento para defender una causa, La Última Cima nos conquistó el corazón y hoy, podemos presumir en España, de contar con grandes y valientes directores que luchan por “nadar contracorriente” y demostrar que este tipo de cine es posible y hay demanda. La Isla de los Monjes, Converso, Red de Libertad, Pablo el Apóstol de Cristo u Hospitalarios son solo algunos ejemplos de películas que han conquistado a creyentes y no creyentes.

Hay muchas historias que merecen ser contadas, que tienen el poder de transformarnos desde dentro, inspirarnos y empujarnos a ser algo mejores en lo pequeño. Sí, somos tú y yo quiénes decidimos qué es lo que queremos que se produzca: ¿películas sobre narcos y mafiosos… o sobre héroes de carne y hueso, del día a día? Yo, “Preferisco el Paradiso”.

Lucia González-Barandiarán

“Dios mas cerca a través de la poesía y la música”

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La Asociación Arte y Fe  se presenta públicamente con un precioso recital con Valentín Arteaga y el trío Alma di Voices como protagonistas

Bajo el lema Gloria, poesía y canto ante lo Santo, la Asociación Arte y Fe ha organizado un precioso recital que se celebrará el próximo viernes 31 de mayo a las ocho y media de la tarde en la Parroquia madrileña del Espíritu Santo y Nuestra Señora de la Araucana. Se trata de una muy atractiva convocatoria de entrada libre hasta completar el aforo, que servirá de puesta de largo de Arte y Fe, asociación que nace cargada de ideas y ambiciosos proyectos en torno a la búsqueda de Dios a través de las manifestaciones artísticas que se nutren de la religión católica.

El recital tendrá como primer protagonista al escritor, poeta y sacerdote teatino, Valentín Arteaga, de profunda raigambre en Madrid tanto por su impresionante labor literaria como por su reconocido trabajo pastoral en la Orden de Clérigos Regulares, de la que fue provincial de España-Colombia y Prepósito General durante dos mandatos en Roma. Él será el encargado de recitar los versos de un muy meditado programa en el que se incluyen, entre otros poemas, los titulados Aturdimiento enamorado de Teresa de Jesús en Malagón, Nunca es tarde si en el dintel hay un niño que espera o Agradecimiento y despedida de las madres. Arteaga tendrá un acompañmiento musical de lujo gracias al guitarrista Álex Martín.

El trío músico-vocal Alma di Voices podrá música al original e interesantísimo recital preparado por la Asociación Arte y Fe. El grupo está integrado por el polifacético Enrique González Llorente, tenor, guitarrista clásico y moderno, compositor y flautista; César García-Rincón, barítono, guitarrista y compositor de buena parte del repertorio del grupo; y Luis López-Cózar, barítono bajo y solista del trío y de otras formaciones musicales. El programa que se anuncia está cargado de interés. Interpretarán, entre otras piezas, Si Tú no estás Señor, Vida retirada, Llama de Amor viva, Vivo sin vivir en mí y Sobre aquellas palabras.

La Parroquia del Espíritu Santo y Nuestra Señora de la Araucana está en la calle Puerto Rico, de Madrid. Goza de muy buena combinación de metro con salida en Colombia, estación en la que confluyen las líneas 8 y 9. El recital sirve de punto de partida y tiene un fin benéfico para costear las actividades de Arte y Fe.

Jaime Quevedo Soubriet.

“Carta a los artistas de Benedicto XVI”

Benedicto XVI

No es casualidad que por los motivos que sean me haya parado a rebuscar entre la colección de cartas de los todos los Papas a los artistas.

No es casualidad que Dios haya querido que la carta que cayera en mis manos para releerla de nuevo sea la de Benedicto XVI.

No es casualidad nada de lo que sucede, todo tiene un por qué y nada va acompañado de interrogantes.

Así como tampoco es casualidad que esté hoy contándoos y hablándoos de uno de mis temas favoritos, del “arte”, a través de la carta del Papa Benedicto XVI.

Del arte que Dios nos regala con las increíbles obras de todos vosotros, los artistas, y con la gracia que nos concede a cada uno de nosotros, para que podamos apreciar el verdadero significado que contiene cada una de las obras y para que sepamos observar el auténtico valor de la belleza que se nos muestra en ellas.

Como nada es casualidad, la carta de Benedicto XVI a los artistas ha sido el tema elegido para vosotros. Porque, así como os he mencionado, mi deseo era hablaros de arte y ahí, ha sido quien ha sido, que me ha puesto la carta de Benedicto XVI para poder cumplir de la mejor forma posible el deseo con el que me he despertado. Porque creo que Benedicto XVI, con su carta a los artistas, ya no sólo lo expresa muy correcto y bello a la vez, sino que también nos hace un breve pero perfecto resumen de todas las cartas a los artistas ya escritas de los distintos Papas, como la carta de San Juan Pablo II y la de carta de San Pablo VI sin olvidarse, tampoco, de mencionar a grandes artistas como Perugino y Botticelli, Cosimo Rosselli o Miguel Angel Buonarroti, entre otros.

De la extensa y espectacular carta de Benedicto XVI me quedo con, exactamente, lo mismo que os comparto:

Principalmente, con el mensaje que me ha transmitido: arte es belleza, ya sea escrito por la pluma de la voz de quien lo haya escrito, ya sea pintado por el pincel del corazón de quien lo haya pintado, ya sea trabajado por la mente de quien lo haya pensado. Se mire por donde se mire y sea visto por los ojos de quien sean vistos arte no es otra cosa más que belleza; no me cabe la menor duda y creo que ninguno de nosotros, tampoco, lo pone en cuestión.

Seguidamente me quedo con la visión con que nos muestra Benedicto XVI sobre la belleza, la cual os explicaría con mis palabras, pero mis palabras no llegan ni a la sombra de las suyas; es por eso que os lo transcribo con sus mismas palabras: “La belleza auténtica, en cambio, abre el corazón humano a la nostalgia, al deseo profundo de conocer, de amar, de ir hacia el otro, hacia el más allá. Si aceptamos que la belleza nos toque íntimamente, nos hiera, nos abra los ojos, redescubrimos la alegría de la visión, de la capacidad de captar el sentido profundo de nuestra existencia, el Misterio del que formamos parte y que nos puede dar la plenitud, la felicidad, la pasión del compromiso diario.”

Y, si me tuviese que quedar con algo último, lo cuál no sucede porque ya os digo que de esta carta me quedo con todo, pero si tuviese que resaltar un tercer aspecto, en este tercer aspecto incluiría dos puntos: El primero, es la visión que me ha dado del arte con el pensamiento tan profundo que no puedo evitar copiar para vosotros las palabras con que Benedicto XVI lo ha expuesto: “El arte, en todas sus expresiones, cuando se confronta con los grandes interrogantes de la existencia, con los temas fundamentales de los que deriva el sentido de la vida, puede asumir un valor religioso y transformarse en un camino de profunda reflexión interior y de espiritualidad. Una prueba de esta afinidad, de esta sintonía entre el camino de fe y el itinerario artístico, es el número incalculable de obras de arte que tienen como protagonistas a los personajes, las historias, los símbolos de esa inmensa reserva de “figuras” —en sentido lato— que es la Biblia, la Sagrada Escritura.” Y el segundo, es cuando menciona la via pulchritudinis que es así como muy bien dice él: “un camino de la belleza que constituye al mismo tiempo un recorrido artístico, estético, y un itinerario de fe, de búsqueda teológica”

En definitiva, el releer esta carta ha hecho que valore muchísimo más de lo que ya valoraba antes el arte, ya que, aparte de belleza, es para mí también sinónimo de talento, de genio, de vocación, de maestría y de inspiración. Este pensamiento lleva a mi raciocinio a pensar que si todos los que no creen en el arte o lo ven de la forma que lo ven, lo viesen o al menos se concediesen la oportunidad y el intento de verlo, así como tan bien lo explica y redacta Benedicto XVI, el arte obtendría el inmenso valor y el profundo significado que contiene tal y como se merece.

Y, para terminar, un GRACIAS. Un gracias con el que nunca termino. Un GRACIAS a todos los artistas por vuestro talento, por tocar nuestra sensibilidad, por despertarnos, avivarnos o incluso descubrirnos sentimientos y por vuestra increíble generosidad al compartir con el mundo entero vuestro don, aún a sabiendas de la enorme responsabilidad que conlleva, y por aceptar y dejaros ser, como dice Benedicto XVI en su carta, los guardianes de la belleza; así como también os dice a todos los artistas en su carta: “Vosotros, queridos artistas, sabéis bien que la experiencia de la belleza, de la belleza auténtica, no efímera ni superficial, no es algo accesorio o secundario en la búsqueda del sentido y de la felicidad, porque esa experiencia no aleja de la realidad, sino, al contrario, lleva a una confrontación abierta con la vida diaria, para liberarla de la oscuridad y transfigurarla, a fin de hacerla luminosa y bella.”

Eva Sena.