Blog

“Via Crucis”

FOTO BLOG 02-04A principios del año pasado me encargaron que hiciese una obra en memoria de los atentados del 11 M en Madrid. Realicé una serie de dibujos de personas que se socorrían, que se llevaban físicamente unas a otras. A este trabajo lo titulé “Humano” Porque en las situaciones de dolor y de necesidad es cuando renace nuestra parte más humana. Una de estas obras parecía un descendimiento. Una mujer sostenía un cuerpo casi muerto.  Cuando terminaba el cuadro, le puse una mancha roja en el costado. Pensando en todos los que habían sido asesinados de esta forma tan cruel,  tuve que recordar a quien había muerto así, antes que todos y había vencido a la muerte. 

Esta obra fue seleccionada en la primera Bienal de Arte Religioso Contemporáneo que hacía una diócesis española, la de Plasencia ( a la que desde aquí doy mi enhorabuena por esta iniciativa tan necesaria), y fue expuesta en la catedral de dicha ciudad junto con muchas otras obras.

Como la vida es muy curiosa, la exposición sobre el 11 M no se realizó, pero en mi pintura surgió una nueva faceta, un nuevo “aroma” , como diría Chillida. 
En el arte no se puede forzar nada. Tú trabajas, y luego las cosas surgen o no. Entonces empezó a surgir en mi el deseo de hablar de ese Hombre. Primero, porque el encuentro con el Cristianismo es lo más importante que me ha pasado en mi vida. Y segundo porqu
e si yo he seguido dedicándome a la pintura como profesión, siendo muchas veces duro, impredecible, doloroso, arriesgado siempre, es porque estoy convencida de que es una vocación. Respondo a Otro. Desde entonces he  empezado a pensar: ¿Cómo no hablar de tí si tú eres lo más importante en mi vida?

Creo que este Vía Crucis, con todos sus fallos y pequeñez, me lo ha inspirado El Señor. 
En el taller de maderas me cortaron una tabla y salieron 14 partes. ¡Voy a pintar un Vía Crucis!( Me dije a mi misma). Pasado más de medio año, y de forma ” casual” lo vieron en la diócesis de Granada. La capilla de San Juan Pablo II del Centro de Estudios Superiores de La Inmaculada necesitaba un Vía Crucis. Yo además había elegido seguir el Vía Crucis Bíblico de San Juan Pablo II.  Otra “casualidad”.

Creo que lo que puede tener de diferente con otros Vía Crucis es que no ha sido pintado como una serie. Y que responde a una expresión totalmente libre. Cada escena me inspiraba un color dominante. Fui pintando las estaciones de manera salteada y en bastante tiempo. Y cada una es un cuadro en si mismo. A la hora de hacerlo me inspiró mucho la película de La Pasión de Mel Gibson. También he pintado y dibujado en otras épocas a actores, pues una de mis hermanas es actriz y les he acompañado en ensayos y pruebas. Algunos de los personajes están inspirados en la obra de Peter Cámeron Las mujeres que amaron.

En cada estación he querido concentrar la tensión en un punto, siguiendo la premisa de que <<Menos es más >> Siempre ha sido mi mayor satisfacción transmitir belleza, pero que la gente pueda rezar con mi pintura es algo precioso, es un regalo. El Vía Crucis ha quedado colgado en su lugar, pero no pudo ser inaugurado porque dos días después se cerró la universidad por la epidemia. Así que ahora acompaña en su versión virtual elaborado con los textos de San Juan Pablo II en los Via Crucis de 2002 y 2004 en el Coliseo a todos los que quieran rezar con él y a los que están más solos. 

Constanza López Schlicting,

“Moradas”

foto blog 31-03

En el viaje a España del año 2010 con motivo del Año compostelano en Santiago y la consagración de la Sagrada Familia de Gaudí en Barcelona, Benedicto XVI afirmó que los santos españoles del siglo XVI, nuestro Siglo de oro, son las figuras que han diseñado la fisionomía espiritual del catolicismo moderno. Esto es especialmente cierto para la teología católica de la oración, marcada absolutamente por la experiencia espiritual de nuestra santa Teresa de Jesús (1515-1582), religiosa mística, maestra universal de espiritualidad, reformadora del Carmelo y doctora de la Iglesia. Mas allá de los datos concretos de su vida, su biografía es interesante desde el punto de vista teológico, porque fue leída por ella misma en clave espiritual, usándola como fuente de enseñanza espiritual.

En su numerosa obra, que incluye relaciones, poemas, un epistolario fecundo que demuestra su red inmensa de amistades, notas espirituales de cuño distinto, es necesario destacar el tríptico mayor de las grandes obras teresianas: El libro de la vida, una suerte de autobiografía espiritual que gracias a su genio se ha convertido en un clásico de la literatura universal que, sencillamente, enseña a vivir; Camino de perfección, un manual de introducción a la vida ascética y mística, compuesto originalmente para las primeras monjas del primer Carmelo descalzo de Ávila, pero capaz de mostrar a todos una senda de oración, contemplación y misión.

Y, finalmente, la gran obra de Castillo interior, más conocido por nosotros como Las moradas. Es su composición más madura, cuando Teresa ya era una monja veterana, una fundadora conocida por todos, para bien y para mal, y una maestra espiritual buscada por todas las almas que necesitaban luz para ahondar y sumergirse en el misterio de Dios.

Fue escrita entre la casualidad y la providencia, cuando arreciaron los vientos más hostiles contra la Reforma teresiana, y la Santa fue detenida y confinada en Toledo durnte casi todo el año 1577. Entonces, encerrada, cuestionada y mientras veía cómo la obra de toda su vida estaba siendo desmontada pieza a pieza, toda una vida de seguimiento fiel de Jesucristo y de experiencias de Dios resposó, se posó y se clarificó. Nació así su obra más profunda y más fina en el análisis teológico del don de Dios en la oración y de la reacción psicológica y espiritual del cristiano a esta gracia. Probablemente, Moradas salvó a la espiritualidad católica para la posteridad, cuando el mundo estaba cambiando radicalmente, haciéndose subjetivo y centrándose en la conciencia subjetiva.

Se sabe su hilo conductor: la famosa alegoría del alma como un castillo, rodeado por el foso del pecado, con salones distintos y variados que expresan los niveles graduales de la interioridad espiritual, que se van cruzando a traves de la puerta de la oracion, a medida que vamos penetrando cada vez más en la experiencia espiritual. El proceso culmina en el salón central, en el «hondón» del alma, en el salón del trono, donde espera el Rey, el Esposo, Cristo.

A lo largo de siete «moradas» o estancias espirituales, Teresa de Jesus describe la evolución de la vida en el Espíritu, y los grados de acercamiento progresivo a Dios. Las primeras tres Moradas abarcan la primera edad ascética de la vida cristiana, cuando la libertad del hombre espiritual tiene todavía un papel protagonista en el camino de santidad: esforzado, práctico, metódico. Representan los momentos de combate espiritual contra el pecado, el crecimiento del organismo virtuoso, el aprendizaje y ejercicio de las primeras oraciones, la conciencia de la gracia y de la propia miseria.

A partir de la cuarta Morada, la vía de la plenitud cristiana se abre de par en par. Teresa sitúa aquí el punto de inflexión de la vida cristiana: los que se detienen su crecimiento espiritual, y permanecen para siempre tibios, mediocres; y los que se atreven a seguir avanzando, y llegarán a «perfectos», como entonces se decía. Para ello, deben negarse a sí mismo, soltar las riendas y confiar plenamente en Dios, dejando que sea el Espíritu Santo el que guíe la propia historia, Él sólo, Él el único. Este acto de fe se ve recompensado por una experiencia de oración nueva, de «quietud», que llena el alma de paz, alegría y satisfacción realmente sobrenaturales. Poco a poco, esta oración se irá haciendo más contemplativa, a medida que el alma vaya adquiriendo una docilidad habitual a Dios más íntegra. En las últimas Moradas, se manifiesta la cumbre de la vida cristiana: el matrimonio espiritual, cuando el alma se vaya vistiendo de esposa y la comunión con Dios se haga intimísima, dulcísima, ardiente como no hay pasión en esta tierra. Teresa nos provoca, apoyándose en su propia experiencia, afirmando que los hombres no podemos conocemos un sabor más intenso y pleno, salvo el Cielo… «Vivo, porque no muero».

Moradas, y en realidad toda la doctrina espiritual de Teresa de Jesús, termina abierta. La experiencia de Dios vivida por la Santa no se parece en nada a esas espiritualidades burguesas e individualistas que pueblan nuestras librerías, nuestras charlas TED y nuestras propias cabezas, encerradas en sí mismas, orientadas a nuestra propio confort. El matrimonio espiritual, tan real como la vida misma, está llamado a ser fecundo. La mística Teresa está preñada de misión, es un apóstol vivísimo, desea hijos con la pasión del Tengo sed del Crucificado (cf. Jn 19) y así se lo ha enseñado al Carmelo: la oración cristiana es misionera, o no es. «Obras, obras, obras», pide a sus monjas, en el éxtasis de su amor a Dios.

La misma interpelación golpea la puerta de nuestras almas. Moradas es un hito de la cultura humana, citado y recordado constantemente en los siglos sucesivos por teólogos y literatos, católicos y cristianos, creyentes y no creyentes. Hasta la cursi Julia Roberts, en una película reciente pseudo-espiritual, Come, reza, ama (2006), confiesa: «es una gloriosa meditación divina».

Jaime Lopez-Peñalba,

“Cuando todo esto se acabe”

foto blog 17-03

Tercer Domingo de Cuaresma, 2020. Primer día que debo por real decreto quedarme en casa. Con razón. Por solidaridad. En mi caso también y, sobre todo, por caridad cristiana. Se cumple en estos días el cumpleaños de mi cincuenta y siete aniversario de Ordenación sacerdotal. Cada día desde aquel gozoso y lejano 1963 romano tengo la enorme alegría de celebrar la eucaristía cada vez con más indescriptible sorpresa espiritual. Me ocurre especialmente en domingo. Los domingos celebro la misa con una asamblea cariñosísima y muy familiar. En este tercer domingo de Cuaresma del presente año he tenido que quedarme en casa. Por recomendación del señor arzobispo de que cada cristiano –¡muy en comunión eclesial, eso sí!– aguante su vela, la comunidad sacerdotal de la residencia religiosa de la que formo parte acaba de celebrar la acción litúrgica propia del domingo de la Samaritana con las puertas del templo cerradas y las del alma abiertas de par en par. En mis ya tantos años de vida sacerdotal no he tenido que sufrir nada parecido. Sea.

“Quédese en casa”, nos piden gobernantes y responsables de la salud. “No salga usted”. En la ciudad están cerrados cines, teatros, discotecas, bares, restaurantes y cuantos sitios de aglomeración se cobijen, aunque sea en callejones sin salida. Templos y lugares de culto también. Y como no habrá ni Semana Santa, alguien ha dicho que toda España será una Iglesia improvisada para “los que creemos siempre y para los que solo lo hacen los días alternos”.

Escribe Ignacio Camacho: esta circunstancia ha convertido “en sacrificio la oportunidad de quedarnos por un tiempo a solas con nosotros mismos”. E Irene Villa, a la que siga cuidando el Señor con piedad durante toda la vida: que estos días de estado de alarma nacional a causa de la pandemia del coronavirus sean “un tiempo de recogimiento, austeridad, reflexión y espiritualidad”. Dios quiera.

Es muy probable que cuando todo esto pase las cosas serán distintas. Lo serán si somos capaces, que lo seremos, de regresar al camino de nosotros, al lugar de encontrarnos proximalmente, de conversar, de volver a mirarnos a los ojos, de conocernos y reconocernos los unos a los otros. Ya Pascal afirmó: “todas las desgracias del hombre se derivan de no saber quedarse solo en su cuarto”. Y oremos. Si hemos de quedarnos en casa, quién sabe por ahora hasta cuándo, redescubramos que la casa es lugar de oración. O sea, de confiar que el Señor nos salvará. Hemos sorteado otros peligros. Hermanos queridísimos, que no decaiga el ánimo.

Valentín Arteaga,

“El arte en el turismo”

foto publicacion 10-03

Sin saberlo para nada, abstraída en la ignorancia absoluta al respecto, ahora, que me decido a escribir sobre la relación que tiene mi trabajo con el arte, me doy cuenta de que no es que esté relacionado el turismo con el arte; sino que el arte está 100% insertado en este mundo, en el del turismo. Con esta apreciación me he vuelto a reconvencer una vez más que el arte no solamente está en los museos y en las librerías, sino que está en todas partes.

Aún recuerdo cuando me propusieron la opción de escribir acerca de esto, del arte en el turismo y no voy a mentir, me quedé “a cuadros” pensando “¿qué tendrá que ver una cosa con la otra?” sobre todo porque en el mundo del turismo mi especialización está enfocada en la parte de la comercialización. Pero, parándome a pensar más profundamente en mi profesión y en los tantísimos años que llevo con el turismo, vi que no, que estaba totalmente equivocada con mi primera apreciación en cuanto a la propuesta que me hicieron para escribir este blog.

Para llegar a esta deducción, de la relación que tiene el arte con el turismo, lo primero que hice fue pensar, no como persona que se dedica a ello y que lo único que toca son números, estadísticas y comparativas. Si no que me puse a pensar en el turismo desde la otra parte, desde la parte de una persona que quiere disfrutar un tiempo para dedicarlo a ello, a hacer turismo. Y ahí empecé a desengranar poco a poco, pensando primero de todo en ciudades, dado que es lo primero que se le ocurre a uno cuando quiere irse de turismo, después me dije, bien, en las ciudades qué hay por ver, a parte de la cultura del lugar y de la ciudad en sí, y fue ahí cuando di en el clavo, cuando verdaderamente me di cuenta de su relación. Porque qué persona no se ha ido de viaje y ha visitado un museo, ya bien sea de pintura, de arquitectura, del tipo que sea; qué persona no ha paseado por plazas emblemáticas de la ciudad que visita, en donde, no falta una estatua conmemorativa con honor a alguien o a algo; qué persona no se ha quedado prendada de los edificios que visten las calles más pisadas por los turistas, qué persona no ha dicho en el propio viaje de turismo “en este sitio fue rodada la película ….” (o quien dice película, dice video clip).

¿Verdad que tiene muchísimo que ver el arte con el turismo?

A mí, particularmente, de las ciudades que he visitado que más me han impactado, en cuanto al arte, han sido: Viena, Paris y Londres, muy en especial Viena.

Lo primero que me llamó la atención de Viena fue empezando por ver lo majestuosa que es esta ciudad con sus castillos impecablemente conservados desde la época, con los edificios que se pueden ver en sus típicas calles con un valor tan arquitectónico. Pero lo que más me llamó la atención fue el ver que no había un bar en el que entrase que no hubiese personas dibujando, leyendo o escribiendo.

Si tengo que hablar de París, ciudad que no tiene nada que envidiar a Viena, pero si la llamaría una ciudad algo mas “chic”, no se me puede escapar el hablaros de la arquitectura de sus edificios, de sus sitios tan conocidos y emblemáticos como la famosa “Torre Eiffel” o uno de sus monumentos más famosos de la capital francesa como es el “Arco del Triunfo”.

Mencionando la última ciudad dicha, Londres. Londres ya de por sí es una ciudad que me encanta en todos sus aspectos, y si he de destacar algo de ella, por mi parte destacaría el arte urbano, la cantidad de personas que tienden las calles con sus herramientas y sus atuendos para pintar, para cantar…, en una frase: para regalar a la vista de los paseantes el arte que llevan dentro.

Y, para terminar, como siempre doy gracias a Dios por todo, pero en este caso, le doy gracias por haberme dado la oportunidad escribir este blog y con él ver que mi trabajo, no son solo números, datos y estadísticas. Si no que detrás de ello y mucho más de esto hay algo con un carácter de suma importancia, que es que gracias al turismo y a todos los que nos dedicamos a ello el arte que hay en todo el mundo, tanto el que nos dejaron los artistas que ya han dejado de estar como los artistas que les preceden puede ser visto y conocido todos los días del año por miles de personas.

Eva Sena,

“El arte en el mensaje del Papa de Cuaresma 2020”

FOTO PUBLICACION 03-05 FACEBOOK Y TWITTER

A estas alturas, me supongo que la mayoría de todos nosotros hemos leído ya el mensaje del Papa sobre la Cuaresma. Yo, a decir verdad, no creo que haya sido de las primeras en leerlo; y en cuanto lo he leído no me he conformado con leerlo solo una vez, sino que lo he leído unas cuantas veces más.

Así visto por encima, sin a penas leerlo, tan solo echándole un ojo se pude ver que el Papa Francisco ha dividido dicho mensaje en 4 puntos los cuales son el Misterio pascual, fundamento de la conversión; la Urgencia de conversión; la apasionada voluntad de Dios de dialogar con sus hijos y una riqueza para compartir, no acumular sólo para sí mismo. Todos y cada uno de ellos, a mí, particularmente, me traen a la memoria todo esto que tanto nos apasiona y de lo que tanto disfrutamos, el Arte.

En el punto uno, El Misterio pascual, fundamento de la conversión, cuando menciona «Mira los brazos abiertos de Cristo crucificado, déjate salvar una y otra vez. Y cuando te acerques a confesar tus pecados, cree firmemente en su misericordia que te libera de la culpa. Contempla su sangre derramada con tanto cariño y déjate purificar por ella. Así podrás renacer, una y otra vez» (n. 123)”, me viene a la mente el cuadro Cristo San Juan de la Cruz que pintó el pintor Salvador Dalí al óleo sobre lienzo de lino que se encuentra en el museo Kelvin Grove de Escocia. Un Cristo ya colgado en la Cruz, después de haber pasado por todo lo que pasó deuna manera tan salvaje e injusta por todos nosotros, por todos nuestros pecados y por solo un motivo, pero por un motivo escrito en mayúsculas, por AMOR.

En el punto dos, Urgencia de conversión, cuando nos dice: “La experiencia de la misericordia, efectivamente, es posible sólo en un «cara a cara» con el Señor crucificado y resucitado «que me amó y se entregó por mí» (Ga 2,20). Un diálogo de corazón a corazón, de amigo a amigo.”.  Tras leer esto ha sido en el momento en que he pensado en los artistas, concretamente cuando dice “«cara a cara» con el Señor”, así es como imagino a yo todos los artistas, independientemente de su arte, cuando realizan alguna de sus obras, ya sea pintura, ya sea escultura, ya sea poesía o ya sea arquitectura. Me imagino un cara a cara, a un artista lleno de sentimientos para expresar frente a un Dios que le acompaña y le guía en su inspiración.

En el punto tres, La apasionada voluntad de Dios de dialogar con sus hijos, cuando dice:” En Jesús crucificado, a quien «Dios hizo pecado en favor nuestro» (2 Co 5,21), ha llegado esta voluntad hasta el punto de hacer recaer sobre su Hijo todos nuestros pecados, hasta “poner a Dios contra Dios”, me ha venido a la mente otra imagen, pero esta vez en escultura, una de las obras maestras de Jose María Ruiz Montes, el Cristo del perdón que se encuentra en Ciudad Real, en la Parroquia de Nuestra Señora de Gracia. En esta escultura se ve claramente lo que Jose María Ruiz Montes ha querido plasmar, que es el momento en que Cristo dijo: Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen. Escultura en la cual también se puede ver representado el perdón eterno a las personas que buscan reconciliarse con el Padre.

Y en el punto cuatro, titulado como Una riqueza para compartir, no para acumular sólo para sí mismo, en donde nos dice “poner el Misterio pascual en el centro de la vida significa sentir compasión por las llagas de Cristo crucificado presentes en las numerosas víctimas inocentes de las guerras, de los abusos contra la vida tanto del no nacido como del anciano, de las múltiples formas de violencia, de los desastres medioambientales, de la distribución injusta de los bienes de la tierra, de la trata de personas en todas sus formas y de la sed desenfrenada de ganancias, que es una forma de idolatría”. Aquí concretamente me ha recordado a una escultura también, realizada por la escultora Ana Rey en la cual ves a un Cristo lleno de heridas y marcas por los latigazos y numerosas barbaries a las que fue sometido con un rostro marcado por el dolor, un dolor inimaginable por la razón humana e insuperable para cualquiera.

A decir verdad, no hay día que no me sorprenda en cuanto al Arte, porque siempre lea uno lo que lea, y más viniendo del Papa Francisco o lee claramente alguna mención del Arte o bien te lleva a pensar en ello. Y así como no me deja de sorprender esto propiamente dicho tampoco me dejo de enorgullecer de la gran pasión que me ha concedido el Señor por el Arte, sin excepcionar absolutamente ninguno.

Eva Sena,

“El arte en la misión”

foto blog 25-02

Bautizados y enviados. Este fue el lema propuesto por el Papa Francisco para la celebración del Mes Misionero Extraordinario en octubre de este pasado 2019.

Este lema resume a la perfección la llamada de todo cristiano a anunciar la Vida de Cristo y con Cristo. No como una forma de proselitismo, sino como una respuesta natural de todo hombre que, tras el encuentro personal con Jesucristo, sale a anunciar las grandezas que Dios ha hecho en su vida. “No podemos callar lo que hemos visto y oído” Hechos 4,13-21.

Y es que, cuando Dios se cuela en el corazón del hombre, el hombre no puede sino hablar de aquello que inunda su vida de paz y alegría. Por ello, dice el Papa Francisco: “todo bautizado y bautizada es, en sí mismo, una misión. Quien ama se pone en movimiento, sale de sí mismo, es atraído y atrae, se da al otro y teje relaciones que generan vida”.

Así pues, yo también estoy llamada a ser misión en los ambientes es que me muevo, en mi familia, mi trabajo, mis amigos…

¿Y qué tiene que ver el arte en todo esto?

Para mí, no hay mejor respuesta que otra pregunta: ¿no es acaso el arte un medio para generar vida, para movilizar el corazón del hombre hacia Dios?

Así, el arte ha sido instrumento de las misiones de la Iglesia en todo el mundo, para el anuncio de la belleza del mensaje de Cristo. Es más, con esta inquietud, nació la Asociación Arte y Fe: con la inquietud de comunicar al mundo actual, la belleza del amor de Dios, a través del arte.

En mi vida reconozco cómo antes de conocer a Jesucristo, la música y el cine, suscitaron en mí una inquietud grande por conocerle. Recuerdo con especial cariño la cinta de radio caset (y no soy tan mayor) de la banda sonora de la película “The Misión” que sonaba en el coche una y otra vez en cada viaje. La pieza “On earth as it is in heaven” o el “Ave María guaraní” conseguían suscitar la duda de si detrás de esa música, no podría estar Dios.

Hace unos meses, durante la preparación del MIR al que me presentaba en enero, cuando rezaba en biblioteca, me ponía a escucharlas de nuevo como preámbulo de mi estudio, para ofrecerlo como parte de esa misión concreta de llevar a Dios a mis compañeros de oposición.

La película, cambió también mi perspectiva a la hora de prejuzgar la labor de las misiones de la Iglesia y quise, como el personaje que encarna Robert de Niro, encontrar aquello que hace a un jesuita entregar la vida en la selva guaraní.

Por ello, creo que mi vida de fe es en parte fruto de todos aquellos que, queriendo transmitir a Dios, han dedicado su vida a hacerlo a través del arte. Y lo único que puedo hacer es SER MISIÓN, anunciar las maravillas que ha hecho el Señor en mi vida, también a través del arte.

Inés de Medrano,

“El Arte en la familia”

publi 18-02

Cuando recibí la propuesta de escribir un blog sobre la familia y el arte no era consciente de lo complejo y lo importante de este tema, porque hay tanto por escribir y de tantas formas.

Tenía varias opciones, podía haber hablado de tantas obras que representan y realzan la importancia de la familia y hacer apreciaciones preciosas sobre ellas, el tema de la familia se ha tratado en todas las manifestaciones artísticas: pintura, escultura, música, bajo puntos de vista muy diversos.

También podría haber hablado de familias de artistas que han destacado de manera especial a lo largo de la historia comentando cómo se puede transmitir esa herencia del arte entre las familias.

Pero como el blog lo escribo yo tenía que ser algo que me representase y siendo madre de familia de tres hijos adolescentes pues lo tuve claro.

Dice el papa Francisco “En la Iglesia, el arte en todas sus formas no existe solamente teniendo como finalidad una simple función estética sino de manera que a través de ésta, la Iglesia en cada momento histórico y en cada cultura sea intérprete de la revelación al pueblo de Dios”.

La familia es una iglesia doméstica donde se educa, se enseña y se evangeliza y ya solamente eso es arte, más en el momento actual en el que tantos factores externos influyen.

Las familias católicas somos verdaderas obras de arte, donde se manifiesta el Amor de Dios.

Si me pongo a pensar en lo que significa la palabra arte, para mí sería toda aquella expresión del hombre que manifiesta belleza en cualquiera de sus posibilidades y así llegué a la conclusión de que una de las mayores expresiones de arte es la familia.

En nuestras familias se expresa belleza en cada abrazo, en cada palabra de perdón, en cada te quiero, en cada sacrificio.

Piensa por un momento en tu familia en cada circunstancia de tu vida los buenos y los malos momentos estoy segura que reconocerás lo que te digo, es difícil de expresar pero seguro que recuerdas algún momento donde reconoces esa belleza de la que te hablo.

Dios fue el primer artista manifestándose en toda nuestra vida regalándonos verdaderas obras de arte y una de ellas es la familia formada por criaturas creadas a su imagen y semejanza.

¿Te has parado a pensar en el arte de la maternidad?, esa belleza es absolutamente indescriptible y si esa maternidad es el seno de una iglesia doméstica eso es una obra maestra. Pienso en la maternidad de María en cómo recibió en la Anunciación la gran noticia, iba a ser madre de nuestro redentor, ¿reconoces el Arte?.

Cuando vemos una pintura, escultura….. cualquier forma de expresión artística que tenga como tema la familia hay un Arte que trasciende al arte que perciben nuestros sentidos.

Pero no me podía resistir a hablaros unas líneas, pocas lo prometo, de mi cuadro favorito sobre la familia, y es “La sagrada familia del pajarito” de Murillo, me transmite tanta ternura.

Es mi favorita porque representa a la familia de Nazareth como cualquier otra, no encontrarás ningún rasgo de divinidad en él, es una escena absolutamente familiar. El Niño Jesús tiene en sus manos un inocente pajarito que muestra orgulloso, travieso como cualquier niño y sus padres le miran con absoluta ternura. Me encanta pensar en la normalidad de la familia de Jesús.

El Amor que transmite esta pintura acrecienta su valor artístico, esto lo expresó a la perfección el papa emérito Benedicto XVI cuando dijo: “Hay expresiones artísticas que son verdaderas vías hacia Dios, la Belleza suprema, y que también son una ayuda a crecer en la relación con Dios. Se trata de obras que nacen de la fe y que expresan la fe”. Y si meditas estas palabras te darás cuenta que también es una buena definición de la familia ¿no crees?

Mª Magdalena Ruiz García,

“Pescador de hombres”

publi 11-02

Si está usted leyendo estas líneas en el blog de Arte y Fe, es que se maneja bien con las nuevas tecnologías, y el uso de internet carece de secretos. Sabiendo esto, le invito a hacer un pequeño experimento. Abandone por unos instantes esta lectura tan apasionante y abra el navegador de Google. En la ventana del buscador teclee las siguientes palabras: “Tú has”

¿Hecho? Si Google funciona como es debido (créanme, rara vez no lo hace), automáticamente aparecerán las opciones de autocompletado, ofreciéndonos terminar la frase con las entradas más populares del buscador. La segunda opción -por detrás de una absurda frase publicitaria- resultará familiar a cualquiera que asista de vez en cuando a misa. “Tú has venido a la orilla” aparece con 2.460.000 entradas. Si tecleamos “pescador de”, Google enseguida nos ofrece acabar la frase con “hombres” con 7.340.000 resultados. Pero la cosa no acaba ahí. Si usamos el título en inglés, supera los tres millones de entradas, y Google se encarga de autocompletar de nuevo el titulo apenas introducimos las dos primeras palabras.

¿Cómo es esto posible? ¿Un himno cristiano se cuela entre las canciones más populares en internet? ¿Una canción española, que habla de Jesucristo, escrita hace más de cuarenta años, sin promoción de ningún tipo, ni una industria detrás que se encargue de distribuirla, se canta una y otra vez en todos los puntos del globo?

Es posible. Lleva siendo posible desde el año 1974. El mismo año en que Mocedades nos hacía estremecernos con su “Tómame o Déjame” y Roberto Carlos coleccionaba desmayos femeninos con “La Distancia”. En una España aún oficialmente católica, una canción hacía saltar en pedazos el acartonado repertorio litúrgico de la época, convirtiendo, por primera vez, la experiencia del encuentro personal e intimo con Jesucristo, en una bellísima balada capaz de arrancar el corazón de piedra de cuantos la escuchaban, para sustituirlo por un nuevo corazón de carne.

Demasiada revolución en tan poco tiempo. No se habían cumplido aún diez años de la primera misa celebrada en un idioma distinto al latín, cuando unas humildes guitarras empezaban a sustituir tímidamente a los costosísimos órganos de tubos que acumulaban capas de polvo tras años de abandono en los templos. Canciones sencillas, pegadizas, acompañaban la liturgia hablando de un Pueblo de Dios que peregrinaba hacia su encuentro final con el Padre. Canciones que en su mayoría reflejaban un sentimiento colectivo de pertenencia, y un ansia de infinito y de plenitud compartida. “Te ofrecemos, Señor, nuestra juventud” o “No podemos caminar” resonaban una y otra vez en la cola de la Comunión en las parroquias de media España, mientras los católicos de la época miraban al futuro con la misma inquietud que ahora, y quizá con algo más de esperanza.

En aquel escenario fue en el que irrumpió como un huracán “Pescador de hombres”. Jesucristo me miraba a los ojos, pronunciaba mi nombre y me sonreía. A mí. Me amaba a mí, que no soy sabio, ni rico. No a la humanidad, ni a la Iglesia, que también, pero ahora se dirigía a mi corazón para descubrirme, en medio de mi miseria, que era lo suficientemente importante para Él como para pedirme que le acompañara a conquistar otros corazones. Ninguna canción hasta entonces había llegado a interpelar de tal modo a quien la escuchaba.

El responsable de este terremoto que marcó de semejante forma la música católica de la época fue un sacerdote nacido en Hernani en 1936, de nombre Cesáreo Gabaráin. Una visita al lago Tiberíades inspiró la canción, que rememora el episodio de la pesca milagrosa narrado en el capítulo 5 de San Lucas. Gabaráin nos pone a cada uno de nosotros en el lugar de ese Pedro atónito ante el milagro que acaba de presenciar, y aún más atónito ante la propuesta de su Maestro. La letra de la canción es pura oración contemplativa, que nos sumerge en la escena hasta convertirnos en involuntarios actores del drama que se está representando ante nuestros ojos. Ya no podemos sino rendirnos al Amor de los Amores y permitir que Cristo se convierta en el centro de nuestras vidas.

Gabaráin escribió más de 500 canciones, muchas de ellas incorporadas a la liturgia, otras llegando a traspasar la frontera de la música religiosa para colonizar otros ámbitos más seculares. Ese es el caso de “La Muerte no es el Final” que compuso tras el fallecimiento del joven organista de su parroquia, y que se ha convertido en el himno con que las Fuerzas Armadas honran a sus caídos en su servicio a España. Toda una extensísima obra musical que nunca llegó a superar el extraordinario éxito de “Pescador de Hombres”, la canción favorita de San Juan Pablo II y posiblemente de millones de hombres y mujeres de toda raza y condición

Con toda seguridad, mientras termino de escribir estas líneas, en muchas partes del mundo y en muy diferentes lenguas, hay personas entonando una vez más esta maravillosa balada, dejándose abrazar de nuevo por la sonrisa y la mirada de Jesucristo a la orilla del lago. Yo mismo he podido escucharla en infinidad de ocasiones, pero tengo un recuerdo especial de la canción interpretada, hace ya algunos años, por los feligreses habituales en una pequeña capilla de San Vicente de la Barquera, en Cantabria. Estoy convencido de que la gente de la mar se siente especialmente traspasada por la poesía contenida en esta canción, y así fueron capaces de transmitirlo en aquel momento. Aquellas voces, profundas como el océano, hacían vibrar cada rincón de la capilla como si se tratara de un arpa de piedra. Al llegar al estribillo, esas voces se multiplicaron en un puñado de armonías hasta convertir la música en algo casi sólido. Un estribillo Imposible de cantar si no es con los ojos completamente cerrados, o bien fijos en un horizonte infinito y azul salpicado de espuma. Hoy, casi medio siglo después, los cristianos de medio mundo seguimos conmoviéndonos ante esta belleza. Cada vez que en una Eucaristía resuenan los primeros compases de “Pescador de hombres” nuestro corazón se esponja, casi como en un acto reflejo, para recibir ese milagro de todo un Dios, dispuesto a entregarse de nuevo y pidiendo una vez más nuestra entrega.

Mirándonos a los ojos, sonriendo, y diciendo nuestro nombre.

Antonio Mata,

“Una maravillosa antología de poesía religiosa”

publi hoy - 1

Transitó por la niebla y por la inutilidad del crepúsculo, navegó por las barcas de la memoria, mendigó un poquillo de claridad y subió los peldaños precisos para, ahora, desde la plenitud, regalarnos una maravillosa antología de poesía religiosa. Valentín Arteaga acaba de publicar un bellísimo librito. Generoso, discreto, humilde y, al mismo tiempo, grande y maravilloso –en palabras de Isabel Lozano–, el poeta y sacerdote teatino de Campo de Criptana se presenta a sus lectores con una deliciosa antología a la que ha puesto el enigmático y cautivador título de  Mientras la noche va a sus escondites. Se trata de un poemario muy personal que se divide en dos partes claramente diferenciadas. La primera –De los labios al alma– recoge una selección de veintiocho poemas, ahora revisados y corregidos levemente por su autor, de libros publicados de inspiración explícitamente religiosa. Componen la segunda parte –Las otras oraciones (Iranzu, 2017)–, catorce poemas inéditos, “puro canto espiritual”, según definición del propio Valentín Arteaga. Sesenta años, por tanto, de producción poética iniciada con La esperanza del barro (Mallorca, 1957).

El libro está prologado por Antonio Cabrera, joven teatino de Tomelloso, que nos invita a apropiarnos de unos poemas para “la vida, para la fe, para la lucha continua de estarse uno buscando siempre y descubrirse reflejado en la retina de Dios”. Además, cuenta con un magnífico epílogo de Pedro Antonio González Moreno, escritor también manchego, de Calzada de Calatrava, que ha obtenido recientemente el prestigioso Premio Café Gijón por su novela, La mujer de la escalera.

La antología se vistió de largo en Madrid, en un acto celebrado en la cripta de la Parroquia de la Virgen de la Providencia y San Cayetano con presencia de Valentín Arteaga, Antonio Cabrera y Pedro Antonio González Moreno. También se ha presentado en el convento de dominicas de Santa Catalina de Siena, en Alcalá de Henares. El autor contó con la compañía del obispo, Juan Antonio Reig Pla, y el vicario general de esta diócesis, Florentino Rueda. Participaron, a su vez, la superiora de la congregación, María del Mar Castro, escritora mística con varios libros publicados, y la historiadora María Jesús Vázquez. El padre Luis García Gutiérrez y el escritor Francisco Peña también acompañaron a Valentín Arteaga en su paso por Alcalá.

El autor ha querido también dar a conocer su obra a sus paisanos de Campo de Criptana, Tomelloso y Argamasilla de Alba. Valentín Arteaga recaló primero en su querido salón de actos de la Biblioteca Francisco García Pavón de Tomelloso. Allí emocionó al auditorio al recitar algunos de sus versos. Intervinieron también la directora de la Casa de Cultura, Rocío Torres, y el padre Ismael Correa, Prepósito Provincial de los Teatinos, que reconoció haber enriquecido su vocabulario gracias a Valentín Arteaga y aseguró “haber descubierto la esperanza en su poesía. Este libro nos coloca delante de Dios”, concluyó.

“El pueblo fue mi maestro”, con estas palabras salidas del alma resumió Valentín Arteaga la íntima relación que mantiene con su Campo de Criptana natal. Fue durante el acto celebrado en el magnífico marco de El Pósito de la villa de los molinos. El poeta también conmovió aquí al público como colofón de una magnífica velada que abrió el alcalde de Campo de Criptana, Antonio Lucas Torres. El primer edil expresó la admiración y el sincero cariño que siente por quien es hijo predilecto de la villa.

Argamasilla de Alba, el Lugar de La Mancha, y en concreto su universal Casa de Medrano por ser la cuna del Quijote, y el Santuario de la Virgen del Castañar en Béjar han sido los dos últimos escenarios en acoger la presentación del poemario. El concejal de Cultura, José Antonio Navarro, ejerció de maestro de ceremonias en la villa cervantina dibujando algunas líneas muy certeras sobre la trayectoria de Valentín Arteaga. También participó la presidenta de los Académicos de la Argamasilla e hija predilecta de la localidad, Pilar Serrano de Menchén, para quien “un ramo de esperanza nos regala Valentín Arteaga en su poemario con título iniciático, Mientras la noche va a sus escondites, por medio de metáforas que buscan siempre el gozo del amor”.

Y es en ese amor profundo en el que Valentín Arteaga nos descubre a Dios. ¿Hay mejor regalo que poder seguir la luz plena que nos muestra el poeta en sus versos? Pidamos: ¡Una cerilla, por favor! –como hace él– para que el Señor nos aclare los hondos escondites de nuestro corazón, / a ver si así acertamos / a mostrarles tus señas a los hombres.

Amén.

Jaime Quevedo Soubriet,

“Santo Tomás de Aquino”

publi 28-01

Inmersa en las tantas de la mañana, en donde las pocas ganas de descansar desvelan esta tranquila y nada estrellada noche, decido ponerme a pensar en qué escribir para no perder ni abandonar la afición (llamada por unos cuantos) o el arte (llamado por otros tantos) que Dios me ha regalado. Y si os preguntáis como lo llamo yo, si afición o arte, yo lo llamo mi afición, mi hobby, mi sustento y mi todo… Ya sabréis bien los que hace tiempo que lleváis con nosotros que soy una apasionada del arte, concretamente de la literatura y muy pero que muy especialmente de la poesía.

Atrapada en mis tantas palabras secuestradas por mi timidez o por mí no sé qué, una vez más, me alío con el silencio que inunda la soledad y tranquilidad de esta noche y me enemisto, como siempre y como de costumbre, con el folio en blanco. Es ahí cuando enciendo mi flexo de la mesa de mi escritorio y dejo que sea la tinta quien en esta ocasión os hable de Santo Tomás de Aquino.

Muchos os preguntareis que porqué San Tomás de Aquino y no os voy a mentir… Por muy oído que tenía a este santo, nunca se me ocurrió ni leer ni indagar acerca de él hasta que un pasado día no muy lejano a éste, una persona muy querida por mí y con quien acostumbro a hablar de arte, me lo mencionó.

De buenas a primeras, lo primero que me vino a la cabeza, antes de indagar y leer sobre él fue: ¿Qué tendrá que ver San Tomas de Aquino con mi afición convertida en pasión, que no es otra más que el arte?

Pues ahí viene mi primer asombro. Una vez, haber leído algunas cosas sobre él, no muchas la verdad, pero las suficientes como para tenerlo en la lista de aspirante a mis santos preferidos, me he dado cuenta de que Santo Tomas de Aquino sí tiene que ver con mi afición, y mucho. Puesto que Santo Tomás de Aquino no sólo fue una de las grandes personalidades de la filosofía y de la teología; sin dejar de tener en cuenta que es Patrono de los estudiantes y como tal, gracias a él ha dado muchos frutos infinidad de artistas así como a escritores, arquitectos, etc… Santo Tomás de Aquino también posee un excelente interés en cuanto a las artes y así lo avalan los hechos por haber teorizado sobre la belleza en plena época del Gótico y por haber sido objeto de representación, desde la época bajomedieval hasta nuestros días, por parte de singulares artistas entre los que destacan Filipino Lippi, Fra. Angelico y Velázquez entre otros…

¿Vamos con mi segundo asombro…? En cuanto leí que le avalaban tanto el hecho por teorizar la belleza como por haber sido objeto de representación de diversos e importantísimos artistas, a mi curiosidad le fue incapaz de dar pie al desinterés y continué indagando más sobre él. Aquí es cuando os cuento mi segundo asombro y es que… os lo diría con mis palabras pero me parecen tan increíblemente perfectas, subliminales y excelentes las palabras que utiliza Santo Tomas de Aquino para expresar su significado y sentido en torno a la belleza que prefiero compartirlas con vosotros tal cual lo menciona él: “Bellas son las cosas que agradan a la vista” afirmando que bellas son aquellas cosas cuya percepción, en su misma contemplación, complace, que es “lo que está en relación con la vista, como sentido más perfecto que sustituye al lenguaje de todos los sentidos”.

Y a lo mismo, ahora viene cuando os preguntáis: ¿y el tercer asombro? A decir verdad, os podría hablar de mi tercer asombro, del cuarto, del quinto y más… puesto que el leer acerca de este santo, en mí, entre muchas sensaciones la sensación principal que ha causado y que causa a medida que leo y aprendo de él es asombro tras asombro. Porque lo que no deja de ser sorprenderme también, es en lo primero que leí de él, que

Pero, lo que, si os voy a compartir para terminar, pero solo por hoy y con este blog, puesto que expresaros todos mis asombros sería un sin parar de folios y folios escritos, son las afirmaciones de filósofos y artistas que han escrito sobre la belleza. Afirmaciones que son las que me han llevado a raíz de leer sobre el santo de hoy, el cual es, Santo Tomás de Aquino. Como por ejemplo una de las numerosas frases célebres de Leonardo en donde afirmó “La belleza perece en la vida, pero es inmortal en el arte. O, como, por ejemplo, la frase que dejó escrita Unamuno “Belleza, ¡sí belleza! Pero la belleza no es eso, no es la del arte por el arte, no es la de los esteticistas. Belleza como contemplación no nos hace mejores, no es tal la belleza”.

Eva Sena,