“Con un par de besos bastaría”

“Con un par de besos bastaría”

Vivir sin amor es girar la noria y no hallar un rincón en el paisaje para un par de besos. Un par de besos, por favor, mendigamos. Si uno se pasa la vida sin amor puede prepararse a vivir aburrido toda la eternidad. ¡Qué domingo largo sin que transcurra un ánima debajo del balcón! Como está todo titirimundi por acá sin cánticos ni bendiciones no saldremos de éstas nunca si no se le pone remedio: aquí nos tienes, Dios nuestro, ante tu puerta de par en par. ¿De qué nos servirán entonces tantos ires y venires de acá para allá si resulta que no hemos repartido por doquier cachejos de amor? Únicamente queda cuanto hemos amado: aquí nos tienes, Señor. Están, mirándonos, no de reojo sino de hito en hito, las madres. Ellas, sí; ellas nos avisaron. Nos lo repetían por activa y por pasiva cuando al toque de las campanas del pueblo, a las doce en punto del mediodía, regresábamos gloriosos a casa: besad el pan, hijos, siempre que se caiga de la mesa. No lo pongáis sobre el tapete boca abajo. Sufre Dios si se pone así. Ahora, al cabo de introducirnos en la región de la conciencia con devoción y respeto estamos al fin casi delante de Dios, o enfrente de la visión infinita de la ciudad. No hay por qué repetir que se atisba desde lo alto del lugar el secreto de las intenciones de aquellos niños perennes que todavía somos. Desde los paredones encalados de la ermita en los que nos apoyamos se adivinan los entresijos ocultos de las habitaciones, desvanes, patios y comedores de las pequeñas casas de adobe arracimadas en la ladera del lugar.

Lo que interesa es descubrir si hemos amado o no. Cuando llegamos de lejanos viajes a casa algo lerdos, cómo no, y desasistidos, curiosos y hambrientos de novedades, estamos anhelando ya la resurrección. A los niños otros de estos lustros, finales, sentaditos ahí en sus pupitres, mientras nieva por las callejuelas del pueblo les decimos que el mundo que viene será un universo de amor o no será nada. Cada día, en efecto, nos vamos introduciendo alma adelante: ¿no os enteráis que cada minuto que transcurre nos sobra más la ropa y nos sobran más las palabras?

Aquella tarde de oro, sentados sobre una piedra en la motilla, sentimos algo parecido a una revelación. Dios estaba de nuestra parte; Dios había tomado partido por los niños solos. Aquellos niños solos nos introdujimos por los campos del corazón a ver si por fin ocurría que alguien nos mira a la cara directamente y, sonriendo, nos concede patente de corso para caminar sobre la anchura y después franquear, victoriosos, las murallas de la ciudad.

Hombre, a ti no te sobran palabras; pero a mí sí que me sobra ropa y lo cierto y verdad es que tengo miedo. Me entran unas irresistibles ganas de llorar; llorar por el amor perdido, por los años de juventud perdidos, por la forma de quedárseme mirando el personal. Por la Puerta de Oriente llegamos a la cumbre de la crestería a mitad entre cielo y tierra. Allá abajo, por calles y placetas, deambula aún la inocencia. Lo estamos viendo en el espejo de los recuerdos. Mientras, tras las ventanas, llueve mansa y melancólicamente. A base de darle vueltas a la rueda del tiempo, hemos experimentado que el subsuelo de nuestro ser nosotros mismos tan malo no es. Un día de estos, mucho no ha de tardar, vendrá el Señor Dios a decirnos algo parecido a esto: ea, ya es hora; dejadme que os dé la mano, os voy a presentar unos a otros para que os repartáis mutuamente el corazón y las estrellas.

Algo más de corazón y un buen puñadillo de estrellas le vendría estupendamente al personal que transita con excesiva rapidez por la Plaza Mayor: tú, mujer, no tengas miedo, no tienes por qué tenerlo. ¿Te das cuenta? Miro tus ojos y ¿sabes lo que veo dentro de ellos? Una niña, un pequeño ser fragilísimo nada más, sacramento del mundo, pronóstico del cielo. ¿El mar? Todas las madres del pueblo, ¿sabes?, se han puesto de acuerdo para llenar de guirnaldas las orillas, colgar colchas de raso en las ventanas de las tabernas del puerto. Gloria al Señor, gloria al Señor, hija.

Sobre personas y cosas llueve y llueve.

Valentín Arteaga

“Elogio de la sonrisa”

foto blog 28-07

La risa es muy saludable. Ilumina desde adentro el rostro de los hombres. Y embellece. El rostro de los hombres embellecido por la luz de la risa manifiesta sentimientos nobles e ínitimos. Descubre y pone delante del diálogo y la convivencia que el ser humano ha caminado mucho hacia arriba desde las oscuras regiones de lo simplemente instintivo. Los humanos nos debemos unos a otros la cortesía de reírnos y sonreírnos, dignísima muestra de la profunda y auténtica solidaridad que nos corresponde cuidar y atender.

Cuando nos reímos unos con otros o nos sonreímos unos a otros nos estamos ofreciendo mutuamente, cálidamente, un lenguaje hecho de palabras no dichas, mas pronunciadas, eso sí, con el corazón. La risa, la sonrisa, sobre todo, es el vocabulario del corazón. Una forma de gramática elemental que posee matices espirituales insondables. Si nos riéramos más seríamos mejores. La sonrisa, granito de trigo de la mies madura y prieta de la risa, es como comenzar a partir el pan que, sin darnos cuenta, nos suplicamos mutuamente los humanos en el instante mismo en que se produce cualquier encuentro nuestro. Somo seres para el encuentro y la relación.

Hay veces que no se dan el encuentro y la relación debido precisamente a la falta de esa tarjeta de presentación amable de la sonrisa, que franquea exquisitamente la entrada en el ámbito del otro. Lo propio del hombre es desbloquear su interior. Habituarse a no sonreír es irse cerrando cada vez más a cal y canto en nuestras mazmorras interiores. Los presidiarios de sí mismos no pueden sonreír ni, menos aún, soltar libremente la carcajada que resuena como un batir de palmas de las manos del alma. Ésta asoma sus pálpitos entre las luces de la sonrisa y se desglosa, numerosa y vivaz, en el vuelo siempre agradable y agradecido de la carcajada benéfica y musical. Un ser humano sonríe y por la ventanita de los ojos se introduce en las habitaciones del resplandor entero de la creación. Por la risa o la sonrisa del hombre transparece y se humaniza el paisaje. El paisaje –escribía Azorín– somos nosotros mismos. Cómo, estando el día tan generalmente traslúcido, y siendo la tierra tan hermosa, es posible hacer mal a nadie. Es una contraindicación, un camino al revés, un ponerse a andar fuera del círculo del horizonte, un dirigirse a trasmano a las regiones de nadie o derribar de un duro manotazo las señales del tú.

Un niño, por ejemplo, sonríe en cualquier parte del mundo y éste comienza a poder ser más habitable, escarba en los manantiales de la ternura del corazón de quienes lo contemplan milagrosamente. Una mujer, también por ejemplo, deja escapar de sí misma el torrentillo de su risa y parece que una llovizna rápida de claridad nos está mojando de repente nuestros interiores más propios.

Reír es decididamente bueno y hasta incluso necesario. Como cuando se pasa una gamuza húmeda de claridad por los cristales sucios de las ventanas de la intimidad. Por el contrario, el gesto desabrido, la mueca hosca, la dureza del rostro, los labios apretados, la mirada hostil, la displicencia de las maneras, la altanería y la seriedad pétrea del talante llevan dentro de sí mucha ruptura y carencia de proximidad. Deberíamos aprender a reír y, todavía más, a sonreír. Quien así lo hace ha aprendido lo más importante de la vida, que en sí misma es un quehacer prodigioso de amor. Quien no lo logra es casi seguro que se echará un día por sendas de perdición e intolerancia.

Lo primero, para no consentir llegar a ello, es ejercitar el ensayo de reírse uno de sí mismo. Una cierta dosis de buen humor y saludable ironía personales, nos hace falta a todos muchísimo. El no tomarse excesivamente en serio a sí propio es prueba de gran sabiduría y humildad. La humildad es alegre, pues posee el don de colocar a las personas y sus asuntos en el orden justo. Las depresiones y los desánimos son, hablando en general, síntoma de desarreglos personales, prueba más que clara de que no se ha aprendido aún a burlarse cariñosamente de sí mismo con la primera mirada al espejo de la mañana: “¡Bobo!”.

Lo segundo, estar persuadidos que hay actitudes alrededor nuestro que efectivamente son de risa. Lo ridículo de ciertas solemnidades que no tienen ni ton ni son, algunas críticas, bastantes hipocresías sociales, esos discursos fatuos, muchas declaraciones, cantidad de mentiras… Ante todo esto conviene reírse. La risa, si se sabe aplicar como corresponde y cuando corresponde, es una excelente terapia, un buen salvaconducto, un aval de libertad que nos concede entrada en un mundo que relativiza absolutos.

Por último, no se olvide que la risa, la sonrisa, sobre todo, se requieren sobremanera en el momento de revestirnos el traje de fiesta. La existencia entre los humanos o es festiva o no es existencia. Asistir a una fiesta con cara de perro es algo que jamás debe hacerse: Nos sacarán de la sala y nos echarán al abismo y allí será el llanto y el rechinar de dientes. Lo expresa tajantemente el evangelio, que es el mejor manual de alegría conocido.

Valentín Arteaga,

“La fotografía y el verano”

foto blog 21-07

El verano parece que va unido al hecho fotográfico. Básicamente para tener recuerdo gráfico de momentos, lugares . Los mas jóvenes del lugar han perdido la experiencia de tener que esperar días, sino semanas y quizás algún mes para poder ver esas fotos que se hicieron en esos momentos, lugares. Por el simple hecho de que había que revelar el carrete. Y cuanto daba de si un carrete de 36 exposiciones. A la vuelta de las vacaciones nos podíamos encontrar con que entre esas 36 fotos había un cumpleaños, el verano en Torrevieja, o las de ese domingo que montamos en las barcas de El Retiro. Se volvían a vivir esos momentos, con la alegría que daba el tiempo pasado, e incluso, rememorando algo olvidado.  Realmente esa espera y las pocas fotos hechas marcaban el recuerdo para siempre. En mi juventud, la afición a la fotografía hacía que el verano fuese el momento de desarrollar, de poner en práctica lo visto durante el invierno en aquellas revistas de tema fotográfico francesas e inglesas. Y el limite era un carrete de 35mm, o excepcionalmente dos, o sea, 36 o 72 disparos. Era una cuestión de economía. Pero también de práctica, no tenía sentido disparar mucho sobre un motivo.

Esto contado es el pasado, que alguno recordará y otro no lo habrá vivido. Y la causa, ya sabéis cual es, la tecnológia. Primero con la aparición de las cámaras digitales, y mas determinante, la aparición de los teléfonos móviles con pantalla y cámara.                           En el primer caso, las cámaras digitales, y a nivel profesional, el cambio ha sido muy fructífero. Sobre todo en la gestión de los trabajos. Ver al momento lo que estás haciendo, antes se disparaba una placa polaroid para ver mas o menos por donde se iba; la rapidez, pues no es necesario visitar un laboratorio para revelar las diapositivas; y los ajustes de postproducción, había un proceso llamado “dye transfer” para hacer montajes, que aquí no se hacía y había que mandar a Londres y costaba mas de cien mil pesetas. Ahora con Photoshop se puede hacer cualquier cosa.

De aquellas vacaciones, en las que usaba un carrete o dos, a las vacaciones en las que uso una cámara digital o un Smartphone, ¿Qué diferencias hay?                                                       Me da la sensación que el valor del recuerdo va relacionado con la facilidad o no de plasmarlo de una manera u otra. La explicación a esto es sencilla. De una experiencia predigital podremos tener una fotografía en papel que tendrá valor por el hecho fotografiado y por su singularidad, posiblemente sea el único testimonio visual.                   La masificación de hechos fotografiados y que se quedan en los discos duros del móvil o del ordenador hace que pierdan interés, y ninguna imagen, posiblemente, adquiera la propiedad de la singularidad.                                                                                                         En casa el fotógrafo soy yo, pero es mi mujer la que gestiona estas imágenes actuales para que adquieran la virtud de lo singular. Y es tan sencillo como sumar lo digital de la toma con lo analógico de la impresión de la foto en papel. Ella monta albunes con una selección concreta de nuestras peripecias vitales. Es una manera de mantener el valor del recuerdo con la foto en papel.

Como fotógrafo ¿Cómo he vivido mis vacaciones?                                                                         Os contaré las de la etapa digital. Mi planteamiento es divertirme, pero no ensimismarme, con las ganas de hacer fotos. Al principio con cámara réflex digital y uno o dos objetivos, básicamente para no cargarme de peso. Y con la mente, y el ojo atento a ver algo con sustancia para disparar.                                                                                                 En los últimos años dejé cámara , y me pasé al Smartphone. Simple, cómodo, rápido, y listo en el bolsillo de mi pantalón. Eso si, con la misma actitud que con la réflex, atento a lo singular para fotografiarlo.                                                                                                             Este uso de móvil como cámara va unido al uso de la sala de exposiciones virtual que es Instagram (soy “maragatogato”en instagram). Me gusta compartir esas imágenes con las que disfruto, desde el disparo a la edición (utilizo la App Snapseed como editor). Las fotos adquieren vida cuando alguien las ve. Escondidas en un disco duro están muertas.   Mi filosofía es, que tanto la foto familiar como la artística, sirvan para disfrutar, para compartir lo  vivido.

Isaac Abad, fotógrafo.

“Los eventos y el verano”

FOTO BLOG 14-07

Creo que no cabe mencionar que estamos ya en pleno veranito. Un verano algo extraño, de eso no nos cabe duda y un verano el cual ha empezado, así como con tantas incertidumbres sobre cómo se iba a desarrollar como con tantas ganas de hacer todas las cosas que no hemos podido hacer durante el duro tiempo de confinamiento.

A Dios gracias que el estado de alarma ya parece haber puesto fin a todas las restricciones a las que, por seguridad, nos hemos visto sometidos y nos hemos visto necesitados de realizar. Cierto es que la precaución nunca la podemos dejar de mano y que nos tenemos que adaptar a esta “nueva normalidad” con las medidas impuestas necesarias. Pero esto último no da lugar a que no podamos disfrutar del verano con todos los eventos que ofrece y que nos invita esta estación del año tan preferida por la mayoría de todos nosotros. Es por ello por lo que pienso que no puede venir nada mal el hablar de todos los eventos y actos a los que, este verano podemos asistir.

Se o me puedo suponer, al menos es lo que me pasa a mí, que en cuanto mencionamos la palabra verano ligada a la palabra plan, lo primero que se asoma por la mente es playa, piscina, terracitas y cañas. Aunque a parte del disfrute de las largas jornadas de sol, de la playa y de la piscina con amigos y familiares y de las quedadas a media tarde, cuando el sol empieza a despedirse de nosotros para dar lugar a la noche, en las terracitas tomando unas cañas acompañadas de la compañía de nuestros amigos también hay muchos más planes que nos ofrece esta estación. Así como por ejemplo son los cines de verano, un plan divertido y ameno para disfrutar de las cálidas noches de verano.

En este mes de julio en Los Jerónimos, los viernes 17, 24 y 31 a las 21.30 podemos disfrutar de las siguientes películas “Abuelos”, “Un corazón extraordinario” y “El vendedor de sueños”. Aquí a continuación os especifico los días que tendrán lugar a cada una de las películas mencionadas.

El viernes 17 podemos disfrutar de la película “Abuelos”, el viernes 24 la película de la cual podremos disfrutar res la de “Un corazón extraordinario” y el viernes 31 de julio se podrá ir a ver la película “El vendedor de sueños.”

Aunque nos parezca mentira por las circunstancias vividas y por lo recientemente sucedido por el COVID-19, finalmente se nos ha dado la oportunidad de poder disfrutar también al aire libre de conciertos, así como por ejemplo el concierto de Jazz en el Palacio Real en los Jardines del Campo del Moro.

El próximo evento que se me esta ocurriendo comentaros, sé que es más de invierno pero que para el verano no es para nada un mal plan y es el de ir de Museos, los cuales reabrieon sus puertas el 09 de junio y lo hicieron con las estrictas medidas de seguridad e higiene necesarias. Dado que estamos en el mes de julio, lo podemos aprovechar para ello ya que durante este mes la entrada es 100% gratuita.

Y para los amantes de la artesanía, que también es un arte, regresa con todas las ganas del mundo y cumpliendo al cien por cien con todas las medidas de seguridad establecidas, el mercado de artesanía que tiene lugar a pie de calle en la Plaza de Ópera. Mercado que cita todos los sábados de 11.00 a 21.30 a todos los amantes del producto artesanal.

¿Verdad que con toda esta lista de planes hay más motivos aún por los que salir de casa y organizar muchas más quedadas? Si es que es lo que tiene el verano, que nos invita a deleitar del buen tiempo que nos regala esta temporada del año tanto de día como de noche y tanto con planes al aire libre como con planes extraordinarios acompañados y rodeados siempre de nuestros seres más entrañables y queridos.

Eva Sena,

“El verano y la pintura”

foto blog 07-07

El verano es una época del año que, desde un punto de vista humano, despierta en nosotros recuerdos y emociones y frecuentemente lo asociamos a estados de ánimo: alegría, vitalidad, jovialidad… Para un niño puede significar la llegada de las vacaciones, un día en el parque de atracciones y tiempo libre para estar con los amigos y jugar. Para un adulto puede significar disfrutar de más tiempo con la familia, días más largos, buen tiempo y nuevas actividades.

Los artistas empleamos un código específico para expresar nuestros sentimientos y emociones.

Del mismo modo que el escritor se sirve de la lengua para crear mundos y realidades nuevas, los pintores empleamos los elementos plásticos propios de la pintura con el mismo fin. Creamos nuevas realidades a través del color, la forma, la textura, la composición. Son muchos los pintores que se han inspirado en el verano y han filtrado la belleza de esa realidad a través de su ser, para regalarnos una nueva creación. El paisaje en verano tiene un gran poder evocador: el mar y los grandes espacios abiertos nos sugieren inmensidad y libertad y la luz tiñe campos mediterráneos de amarillo y naranja. La fuerza del rojo, los tonos alegres y luminosos, el color albero y azules que verdean… Mi selección de obras veraniegas incluiría “El Velero” de Edward Hopper; “Niños en la playa”, de Sorolla y los campos de trigo amarillos de Van Gogh.

A mí, el verano me recuerda a un mar en calma, me recuerda al paisaje mediterráneo, con un sol abrasador y me recuerda a los niños despidiéndose de su profesor, el último día de clase. Siempre me gustó la forma de tratar el color de los impresionistas y después, la fuerza de los fauvistas, con sus tonos puros. Me emocionan los tonos cálidos, como el amarillo, el color albero y los naranjas y en mis comienzos, me sedujo la obra de los impresionistas, su manejo del color y después la fuerza de los fauvistas, con sus tonos puros. Siempre ha sido el verano una época del año especial para mí, por el optimismo y la fuerza vital que desprende y ahora creo que está todo conectado y que hay un hilo conductor en parte de mi obra entre esos tonos, los temas tratados y la época estival: tanto en mi obra figurativa como en la abstracta, se observa un intenso cromatismo, así como fuertes contrastes: dinamismo y quietud, luces y sombras, tonos fríos y otros cálidos que envuelven.

Hay también un verano de la vida: si la primavera representa el nacimiento y la niñez, el verano de la vida es la plenitud física y emocional, la madurez, el vigor, la fuerza y la alegría de vivir, que precede al otoño de la vida, que asociamos al declive y la vejez. Del mismo modo, en la fe, tenemos una primavera que podemos asociar a nuestra conversión como nuestro primer amor, pero hay diferencia entre el plano espiritual en el hombre y el físico y el intelectual: el espiritual es el único que siempre puede mejorar, mientras que el físico y el intelectual se verán inevitablemente afectados por el paso del tiempo: nuestra fe y nuestra vida espiritual pueden crecer siempre; por tanto, siempre es o puede ser primavera o verano en nuestra fe y por eso , la fe o lo relativo a ella , suele estar representado en pintura con tonos alegres, vivos y luminosos. Recuerdo ahora “La Anunciación” de Fra Angelico.

El verano, cada año, nos interpela, porque, como dijo don Luigi Giussani, y cito textualmente:

“Lo que de verdad quiere una persona, sea joven o adulta, se comprende no por cómo trabaja o estudia – que es lo que está obligada a hacer -, no cuando se mueve determinada por conveniencias o deberes sociales, sino por cómo emplea su tiempo libre.”

Embellecer y humanizar la pequeña parcela de mi mundo, en la que me toque estar, se me ocurre que es una forma fantástica de emplearlo.

Javier González, profesor de lengua y literatura y pintor.

“El arte de la amistad”

foto blog 30-06

Vivimos en un mundo que está falto de amistad. Estamos tan ocupados, vamos siempre tan deprisa que al final nos olvidamos de lo esencial. La eficacia, la inmediatez, que son el ruido de nuestra vida se están comiendo las cosas más importantes, entre ellas, la amistad. Ya no “perdemos” el tiempo con los amigos, no conversamos, no dialogamos. Quizás por eso cada vez tenemos más conocidos y menos amigos.

Sin embargo a los largo de la historia los Libros Sagrados, filósofos y poetas, Santos y ensayistas, nos hablan de amistad.

El filósofo griego Sócrates aseguraba que prefería un amigo a todos los tesoros del rey Darío.

¿Qué es la amistad? La amistad es un afecto entre personas, recíproco y desinteresado, que nace de la mutua simpatía y estima, y se fortalece con el trato.

Para el poeta latino Horacio un amigo era la mitad de su alma.

La amistad es verdadera cuando se da una comunicación profunda entre las personas; cuando se busca el bien para el otro; cuando te importa la vida del otro y deseas lo mejor para él.

 El respeto a libertad del otro, a sus tiempos, a sus opiniones, a su manera de ser y actuar es uno de los pilares fundamentales de la amistad. Es un respeto que da pie a la sinceridad y la confianza mutua.

Por eso San Agustín no vacilaba en afirmar que lo único que nos puede consolar en esta sociedad humana tan llena de trabajos y errores es la fe no fingida y el amor que se profesan unos a otros los verdaderos amigos.

La amistad se cultiva  con el trato asiduo, la lealtad, la solidaridad, el compromiso y el interés recíproco por el bien del otro. La esencia de la amistad es el compartir.

Aunque no solamente surge con quienes tenemos más afinidades en cuanto a gustos e intereses, o con quienes tenemos más parecido, sino que puede aparecer entre personas muy dispares.

De hecho, a veces ese es un factor que fortalece la amistad, pues una buena amistad complementa y enriquece a la persona, no solo en el intercambio de ideas, información y sentimientos, sino también en el hecho de compartir los buenos y malos momentos de la vida.

Aristóteles, padre de la filosofía occidental, tenía un alto concepto de la amistad, tanto, que la consideraba una de las necesidades más importantes de la vida.

Siendo la amistad tan loada, estando tan valorada, hasta el punto de considerarla la necesidad más importante de la vida, ¿Qué nos está fallando para estar viviendo en un mundo tan falto de amistad?

Sobre esto nos puede dar una luz el ensayista español Ortega y Gasset cuando escribía que una amistad delicadamente cincelada, cuidada como se cuida una obra de arte, es la cima del universo.

 Y es que la amistad no sólo es una obra de arte, sino que es un arte en sí. El arte de la amistad.

Un arte en el que entra en juego la dedicación, el tiempo, la creatividad, el ingenio, la honestidad… Es arte y como tal tiene deferentes disciplinas. Entendiendo como disciplina el conjunto de reglas o normas cuyo cumplimiento de manera constante conducen a cierto resultado ¿Cuáles serían las disciplinas que se deben cuidad en el arte de la amistad?

En su libro “Razones para el amor”, Martín Descalzo analiza seis pilares que sostienen la verdadera amistad. Estos seis pilares bien podrían ser esas disciplinas a cultivar del arte de la amistad.

La primera es el respeto a lo que el amigo es y como el amigo es.

En segundo lugar la franqueza, que está a media distancia entre la simple confianza y el absurdo descaro. Franqueza como confidencia o intimidad espiritual compartida.

En tercer lugar la generosidad como don de si, no como comprar al amigo con regalos.

La aceptación de los fallos iría en cuarto lugar.

Seguida de la imaginación, para superar el aburrimiento y hacer fecunda la amistad.

Y en sexto lugar la apertura.

Sin duda seis disciplinas que ejercitar si queremos “cincelar y cuidar como si fuera una obra de arte” nuestras amistades verdaderas.

Quisiera acabar este blog con algo que nos dice Dios a través de las Sagradas Escrituras, en las que encontramos numerosas citas que nos hablan sobre la amistad. Entre ellas ésta del Eclesiastés: “El amigo fiel es seguro refugio, el que lo encuentra ha encontrado un tesoro”.

María Diufaín,

Artista plástico

“¿Quién es el Corazón de Jesús?”

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En primer lugar, hay que decir que el Corazón es el símbolo de la vida. Por tanto, representar a Jesús como Corazón de Jesús es recordarnos que está vivo. A veces caemos en el error de hablar de Jesús en pasado. Sin embargo, la Iglesia habla de Cristo como el que vive eternamente porque está resucitado. Él sigue hoy junto a nosotros y podemos vivir ese trato de amistad, amor, comprensión, de corazón a corazón como sus discípulos y amigos, tal y como nos cuentan los evangelios.

Lo propio de la amistad es el afecto que une a dos personas. Cuando mayor es esa unión, más se comparte la intimidad. Dios al revelarnos su amor, su corazón, sus deseos de ser amado nos ha mostrado su intimidad.

Nos cuesta mucho comprender cómo alguien tan insignificante como nosotros si nos comparamos con todo un Dios, pueda al mismo tiempo ser tan importante.

Dios ama de verdad, en el amor auténtico siempre hay un deseo de correspondencia. No puede uno amar sin desear al mismo tiempo ser amado por la otra persona.

Precisamente porque Dios ha querido necesitar de nuestro amor, experimenta también nuestra falta de amor como un dolor. Y los actos contrarios al amor, el pecado, produce dolor en el Corazón de Dios.

Por eso, la espiritualidad del Corazón de Jesús, sensible a esta verdad, ha cuidado siempre la actitud y los actos de reparación, poniendo un amor especial en muchas cosas de las que uno hace para compensar nuestras propias ofensas y también las de hombres que viven lejos de Dios.

Dios desea que le acerquemos muchas almas que puedan experimentar su amor y misericordia.

La manifestación del amor de Dios ha llegado al extremo. Ese extremo, es amar hasta donde ya no se puede amar, es la cruz. Evidentemente esto se ha realizado en el Corazón humano de Jesucristo. Si queremos conocer la medida del amor divino tenemos que acudir a la pasión, donde experimentamos aquello que tan bellamente dijo San Pablo en su carta a los Gálatas: “me amó y se entregó a la muerte por mí”.

Toda devoción tiene necesidad de signos sensibles. Aquí nos centraremos en el Cerro de los Ángeles en Getafe ya que hace un año celebramos su centenario.

En cuanto al antiguo monumento:

Se construyó con el fin de consagrar España al Corazón de Jesús el 30 de mayo de 1919. Podríamos decir que esto fue el colofón de un recorrido que comienza en Paray Le Monial, donde el Corazón de Jesús se revela a Santa Margarita. Le muestra su amor y su deseo de ser honrado públicamente, al tiempo que le propone las prácticas de la reparación y la consagración. La consagración se le propone tanto a nivel personal como colectivo.

Esta espiritualidad entra en España a través del libro del Padre José Gallifet. Otro jesuita, Bernardo Francisco de Hoyos, descubrirá el libro en la Biblioteca del Colegio de San Ambrosio donde residía y se sentirá llamado a propagar esta espiritualidad por toda España. Escuchó del Corazón de Jesús la llamada Gran Promesa: “Reinaré en España y no con menos devoción que en otras partes”.

Poco a poco fue calando la importancia del Corazón de Jesús entre los cristianos de España. Los papas fueron recomendando cada vez más el culto al Corazón de Jesús. León XIII consagró el mundo al Corazón de Jesús en 1899.

Así en torno al año 1900 Francisco Belda y Pérez de Nueros propone la construcción de este monumento. Había elegido este lugar por ser “el centro geográfico de la Península, o sea, el punto en el que se cortan dos líneas diametrales trazadas desde el cabo Ortegal hasta el de Palos, y desde el de Creus al Espichel”. “La elevación del Cerro permite divisar perfectamente desde muchos puntos de Madrid y de sus alrededores el admirable monumento”. También por convertir el Sagrado Corazón en el centro del país.

Durante aquellos años fueron haciéndose algunos intentos de consagración, como la que realizó el P. Postius en el mismo El misterio del Corazón de Cristo trono del Palacio Real, en presencia de Alfonso XIII durante el congreso Eucarístico de 1911 o la que se hiciese, unos días después, cuando de manifestó públicamente el deseo de que la Almudena, cuya cripta acababa de inaugurarse, fuese el templo nacional dedicado al Sagrado Corazón.

En 1914 la idea fue retomada por Ramón García Rodrigo de Nocedal, quien se la comunicó al P. Mateo Crawley y a San José María Rubio, que comenzaron una gran campaña nacional que permitió que en 1916 se pudiese colocar la primera piedra del monumento. Y el 30 de mayo de 1919 todo estuviese a punto para que el Rey Alfonso XIII hiciese el acto público de Consagración.

El 7 de agosto de 1936, primer viernes de mes, milicianos llevaron a cabo una “ceremonia” por ellos mismos fotografiada, de fusilar la imagen de Jesús. Tras ello, procedieron a la destrucción de las esculturas, primeramente “a mano” y por último, dada la dureza de su material, recurrieron a la dinamita hasta lograr reducirlo a ruinas. Estas ruinas sen conservan, trasladadas de su lugar original que hoy ocupa el nuevo monumento a la zona norte de la explanada.

El Santuario y el nuevo monumento

Una vez terminada la guerra se decidió reconstruir el monumento de forma que recuerde al antiguo, pero con una cripta que permitiese el culto en el lugar. La imagen se volvió a encomendar a Aniceto Marinas y el proyecto lo llevó a cabo Pedro Muguruza y reformado por Luis Quijada.

Pero el nuevo monumento es algo más grande, alcanza los 11 metros y medio, respecto a los 9 de anterior. A estos 11 hay que añadir una base de 26 metros y la altura de la cripta, 18 metros y medio. Un total de 56 metros. El nuevo monumento dobla la altura del anterior.

El primer monumento tenía dos grupos escultóricos. El primero representa la humanidad santificada con un grupo de santos relacionados con la espiritualidad del Corazón de Jesús. Y el segundo la humanidad santificándose, con personajes simbólicos que representan virtudes, estados de vida y sacramentos que ayudan a la santificación.

Estos grupos se mantienen en el nuevo monumento, pero se añadieron otros dos, que representan a la España defensora de la fe y a la España misionera.

El monumento se inauguró del 25 de junio de 1965, con la renovación solemne de la consagración y un año jubilar, desde el 30 de mayo hasta el 30 de junio del año siguiente. El domingo 5 de julio de 1975 se inauguró y abrió al culto el actual Santuario.

Ahora que hemos celebrado su fiesta y renovado nuestro compromiso con Él os invito a visitar estos monumentos, centro de la fe y con gran valor artístico.

Marta Martín Quiroga.

Voluntaria con Corazón.

“Una novela para dar respiro al alma”

foto blog 16-06

Hace unas semanas leía, atribuida a C.S Lewis, la frase: “No puedo imaginar a un hombre disfrutando realmente de un libro y leyéndolo solo una vez” e, impulsada por ella, me descubro releyendo de nuevo “La Ciudad de la Alegría”, la obra maestra del periodista y escritor Dominique Lapierre.

En el curso de una vasta labor de documentación en los barrios marginales de Calcuta para redactar el guion de una película sobre la vida de Santa Teresa de Calcuta, en los años 80, Lapierre y su mujer descubren que en Calcuta existen muchos apóstoles y santos anónimos y desconocidos. Así, el escritor decide situar allí el decorado de esta novela en la que se entremezclan las vidas de un sacerdote católico francés, un médico norteamericano, una enfermera de Assam y un ex campesino indio que, condenados a ser héroes en medio de un barrio marginal de la ciudad, luchan contra la miseria y el sufrimiento día a día. Es, sin embargo, una novela que llena de esperanza el corazón, que impulsa a querer entregarse más cada día. Será porque entre sus líneas se respira a Dios.

Lapierre consigue, a través de ella, transmitir la alegría y la belleza de una vida consagrada al Amor por los más pobres, a pesar o quizás más bien, a través del sufrimiento. Citando a uno de sus personajes: “Solo un lugar donde los hombres viven en contacto con la muerte puede ofrecer tantos ejemplos de amor y solidaridad”.

En una entrevista que le hicieron en 2011 al autor, ante la pregunta de si cree en Dios, el francés responde sincero: “Siempre digo que me es difícil entender que Dios deje sufrir tanto a sus niños, pero por otro lado…, la fuerza de la fe es la que sigue dando la esperanza”.

Curioso que, de un autor que no se declara del todo creyente, pueda surgir una novela que sea especial reflejo de la vida cristiana, de la vida en Cristo. Si algo impacta al leer sus páginas es la trasparencia con la que consigue transmitir la inmensa fe del sacerdote Paul Lambert, uno de los cuatro protagonistas de nuestra historia. Imbuido en sus pensamientos y en su forma de vivir, uno llega a desear una fe como la suya para rezar como él: “Tú que moriste en la cruz para salvar a los hombres, ayúdame a comprender el misterio del sufrimiento. Ayúdame a trascenderlo. Ayúdame, sobre todo, a luchar contra sus causas, contra la falta de amor, contra los odios, contra las injusticias que lo provocan.”

Quizás por perlas como esta, sin ser necesariamente una lectura que se podría catalogar como espiritual, esta novela es, desde mi experiencia, un fiel reflejo de la belleza de la que habla el papa emérito Benedicto XVI en su carta a los artistas: “La belleza impresiona, pero precisamente así recuerda al hombre su destino último, lo pone de nuevo en marcha, lo llena de nueva esperanza, le da la valentía para vivir a fondo el don único de la existencia”; y cumple a la perfección aquello que escribía Simone Weil: “En todo lo que suscita en nosotros el sentimiento puro y auténtico de la belleza está realmente la presencia de Dios. Existe casi una especie de encarnación de Dios en el mundo, cuyo signo es la belleza. Lo bello es la prueba experimental de que la encarnación es posible. Por esto todo arte de primer orden es, por su esencia, religioso”.

En definitiva, como decía D. Luigi Giussani, fundador de Comunión y Liberación: “El cristianismo se transmite por “envidia”, porque una persona que ve a otro vivir con alegría, intensidad y gusto, desea esa vida para él” y esto es lo que uno encuentra, a través de los protagonistas, en “La Ciudad de la Alegría”.

Inés de Medrano, médico.

“Eucaristía, música: Pueblo de Dios”

foto blog 09-06

“Si quieres saber en qué creemos, ven a oír lo que cantamos”

(San Agustín)

Con esta frase, sencilla pero rotunda, podríamos resumir la importancia que tiene la música en nuestras celebraciones y en especial en la Eucaristía. Do, re, mi, fa, sol, la, si; con estas siete notas combinadas debidamente y una buena letra que salga del corazón, podemos alabar y dar gracias a nuestro Señor, pedirle perdón y ayuda, reflexionar sobre sus enseñanzas e interiorizarlas, y sentirnos muy, muy cerca de Él.

El hombre siempre ha necesitado de estímulos que le ayuden a comprender y de elementos que le ayuden a expresarse. Cuando miramos al cielo y rezamos queremos música de fondo, necesitamos melodías e ideas que nos ayuden a que nuestra oración sea más intensa. Me vienen a la cabeza muchos salmos: “Cantaré eternamente las misericordias del Señor”, “Cantad al Señor un cántico nuevo, porque ha hecho maravillas”, “Tocad la cítara para el Señor, suenen los instrumentos”, “que canten de alegría las naciones porque riges el mundo con justicia”. Todos estos versos de los salmos tenemos que entenderlos no como meras palabras, sino como una invitación a la música y sobre todo al canto, que considero que es la mayor expresión del corazón.

¡Qué importante es el canto para los católicos, sobre todo en la Eucaristía! Pero ¿por qué?

El canto es un reflejo de lo que vivimos y sentimos.  Dice san Agustín: “Si quieres saber en qué creemos, ven a oír lo que cantamos”. En las misas, tanto cada día como a lo largo de los diferentes tiempos litúrgicos, se hace un repaso de todas las enseñanzas de Jesús y de la Iglesia, y Jesucristo se hace presente, viene a nosotros. La música me ayuda a soportar el dolor que siento al ver a Cristo crucificado, y cuando se hace presente en cuerpo y sangre quiero cantar de alegría y adorarle.

 ¿Cómo debemos llevar a cabo todo esto? Nos podemos guiar por la doctrina de la Iglesia, que en el catecismo nos indica lo siguiente:

 «El canto y la música cumplen su función de signos de una manera más significativa cuanto “más estrechamente estén vinculadas a la acción litúrgica” (SC 112), según tres criterios principales: la belleza expresiva de la oración, la participación unánime de la asamblea en los momentos  previstos y el carácter solemne de la celebración. Participan así de la finalidad de las palabras y de las acciones litúrgicas: la gloria de Dios y la santificación de los fieles”» (CEE 1157)

No he encontrado ningún periodo en la historia de la Iglesia, salvo algunas excepciones  puntuales, en el que la música no haya estado presente. Y en cada momento se ha adaptado a la expresión cultural del momento: gregoriano, motetes, polifonía o guitarras y bongos. Lo importante es que los cantos sean la expresión de la comunidad, que no se reduzcan a algo meramente sentimental e individualista, y que nuestra oración cantada se eleve a Dios.

Los coros, los salmistas, organistas, etc., han de ayudar a la comunidad, a través de los cantos, a convertir la celebración en un signo eficaz de nuestra vida interior. Es un verdadero servicio, un don de gratuidad. Dios nos habla, y la comunidad, con fe, responde. Hay una comunión total. El canto es una verdadera herramienta que no solo nos ayuda a expresar los sentimientos íntimos, sino que los realiza y los hace vida. La razón de ser de la música en la celebración cristiana le viene de la celebración misma y de la comunidad.

Hay que recordar, no obstante, que lo verdaderamente crucial es la Eucaristía. Como dice una amiga mía de Cursillos de Cristiandad: “Si la gente supiera qué es la Misa, no saldría de la iglesia”. Jesús se hace real; el pan y el vino se transforman en su cuerpo y sangre y nos alimentamos de Él. No, no nos hace falta nada más; pero podemos y debemos expresar a través de la música y el canto lo que supone para cada uno su presencia entre nosotros.

César Hidalgo,

Cantautor católico,

“Demanda de perdón”

blog 26-05

Yo, Don Ignacio González Rodrigo,
pecador de los arrabales y de,
las compañías a evitar, digo:
que encontrándome necesitado pido.

PRIMERO: que en virtud de todos los años
que te he seguido en tiempo y forma
y no pudiendo calcular el daño
que he causado a su persona,

que en virtud de lo por TI establecido
Ante tus amigos, los llamados “Discipulos”
y no pudiendo acudir a ninguno,
A tu gran Misericordia SUPLICO:
perdones todos mis pecados, (y ese también)
y derrames tu gracia sobre mí, AMÉN

Es una injusticia que pido en Madrid a 23 de marzo de 2020.

Ignacio González Rodrigo.