“El arte de la literatura”

BLOG 15-10

Mis momentos favoritos de esta vida son dos y, sin lugar a dudas, no pueden ser otros dos más que los momentos en los que me quedo a solas ante el folio en blanco, esos momentos en los que parece que en el mundo solo existimos el folio, la pluma y yo, momentos en donde dejo revelar sin ningún tipo de “peros” a mi autentico “yo” apartándole de todo, sobre todo de cualquier miedo, duda, inseguridad o complejo. Y, los momentos en los que entro en una librería, llamadas para mí “los paraísos de los libros” porque es entrar en alguna de ellas e independientemente de como sean, ya sea la típica librería de toda la vida que todavía tenemos la suerte de poder encontrar alguna de ellas, aquellas que siguen manteniendo el encanto de antaño con su selo de madera gastado y marcado por las pisadas de la cantidad de personas que han ido pasando a lo largo de todos sus años, con sus estanterías de madera de roble, en donde a pesar de los pocos metros cuadrados que pueda abarcar, siempre acaba cayendo en tus manos algún ejemplar. O ya sean las enormes librerías que hay hoy en día convertidas en auténticos edificios de libros, librerías decoradas a cada cinco pasos que das con una isla repleta de libros, librerías forradas de estanterías que van desde el suelo hasta el techo con una infinita diversidad de libros a elegir para dejarte llevar al mundo que el escritor quiere llevarte con su historia, ¿os suena alguna? A mí, justo ahora en estos instantes en los que estoy escribiendo este blog para todos vosotros acaba de asomarse por mi memoria la librería que nos podemos encontrar en “Gran Vía” de Madrid.

Por eso, al leer vosotros el título del blog de hoy, “el arte de la literatura”, entenderéis a la perfección que este blog es uno de mis favoritos, puesto que todo lo que tiene que ver con la literatura, ya sea prosa, ya sea ensayo, ya sea poema, ya sea novela o de la forma que me venga, es una verdadera pasión para mí.

El arte de la literatura es el  arte en el que muchos artistas lo han elegido como instrumento para expresar sus vivencias, sentimientos, creencias, ilusiones y un sinfín de motivos a mencionar ya que cada artista expresa con el arte lo que en ese momento el corazón, la imaginación, la razón o nuestro querido Dios le pide para que nosotros, los también apasionados por el arte, aunque sea de forma receptiva, podamos disfrutar, nos podamos emocionar o podamos reflexionar a la hora en que la obra de arte, como por ejemplo en este caso, una novela, un poema o un sencillo cuento, llega a nuestras manos.

Para ser exactos, el arte de la literatura, según sus definiciones es el arte de la expresión escrita o hablada y la teoría de la composición de las obras escritas en prosa o en verso. Eso sí, es así en cuanto a definición general, pero para mí solo es eso, una definición. Porque según mi percepción hacia dicho arte, la literatura es mucho más, no es simplemente una expresión o una teoría, sino que es un instrumento el cual Dios me ha puesto en mis manos para poder plasmar lo que muchas veces mi corazón no es capaz de sacar al mundo exterior, para poder transmitir lo que mis sentimientos en ese momento quieren decir en forma de verso y a modo de rima, puesto que mi galardón en el mundo de la literatura ya sea leída o escrita, se lo lleva la poesía.

Y, para terminar, solamente con este blog, creo que no cabe mencionar que cualquier arte, cualquiera, ya sea pintura, arquitectura, fotografía o como en este caso mencionado y hablado, literatura, no solamente debe estar hecha con el corazón, sino que debe de ir siempre acompañada de la oración y llevada por la mano del Señor.

Eva Sena,

“El arte y el vino”

foto del blog de hoy 08-10

Dos días han pasado ya después del gran fin de semana que hemos tenido repleto de eventos. Eventos que espero que se puedan repetir y eventos en los que ya no sólo fueron idóneos para acompasar el tiempo de ocio junto con gente extraordinaria; sino que también han sido espectaculares por la gran organización que se tuvo, por la atención recibida en todo momento y por la cantidad de sabiduría y cultura recibida por Dª Ana Estrella Suances y D. Fernandez Jiménez Páez con sus presentaciones tanto como con la historia del vino como con la correspndiente cata que vino a continuación.

De ahí y de todo esto que os cuento viene relacionado el blog de hoy, puesto que me resultaba imposible hablaros de otra cosa que no fuese de la apasionante relación que hay entre el vino y el arte, relación que ha ido evolucionando progresivamente a lo largo del tiempo.

Dicho así, a groso modo, el vino y el arte, juntando estos dos términos, a voz de pronto parece que no tienen mucho que ver, ¿no os parece? A mí, particularmente, me lo pareció hasta que fui al evento organizado de la cata de vinos este fin de semana pasado en la cual aprendí muchísimo y de la cual os quiero compartir absolutamente todo.

Antes que nada, como apasionada ya no sólo de la poesía y de la literatura, sino también del arte en general, mundo en el cual me estoy adentrando de cada día un poquito más, permitidme mencionaros, a modo introductorio, algunas de las obras de algunos de nuestros grandes artistas, los cuales jamás van a desaparecer ni de la historia del arte ni de nuestra memoria, artistas en donde con su arte llevan el vino a algunos de sus cuadros.

Se que hay infinidad de obras y de artistas en donde han elegido por temática la enología para pintar, pero como no me quiero extender mucho, citaré tan sólo tres de nuestros grandes e insuperables artistas y de cada uno de ellos os detallare una de sus muchas obras realizadas.

Los artistas elegidos para este blog no pueden ser otros que Velázquez, Goya y Van Gogh.

Velázquez con su obra “El triunfo de Baco” también conocido como “Los borrachos” en donde aparecen personajes con rostros enrojecidos por el alcohol haciendo partícipe a su alegría.

Goya con su obra “La merienda”, en donde simboliza el vino para plasmar una escena alegre y de recreo resaltando el brindis de dos de los personajes pintados en el cuadro.

Van Gogh con su obra “El viñedo de Arlés”, en la cual el pintor plasma la recogida de la vendimia en un atardecer, aparentemente otoñal, por la tonalidad de sus colores.

Tras mencionaros estas tres obras elegidas para este blog, las cuales han sido seleccionadas simplemente por ser las que más me han llamado la atención en referente a esta temática, no puedo finalizar el blog de otra manera que no sea dando unas pinceladas al componente religioso del vino (tema estrella en la charla que recibimos de la voz de Dª Ana Estrella Suances antes de la cata) y, ya que, no nos podemos olvidar tampoco que somos una asociación de Arte y Fe.

La Europa Occidental da su importancia al vino, fundamentalmente, por la vinculación del papel que desempeña el vino en el oficio sacramental. Así que, el vino ya no es un producto más de la tierra si no que lo tomarán como un regalo de Dios. La iglesia cristiana consagra el vino, que se identifica con la sangre de Cristo, y lo asigna un papel destacado en el rito litúrgico.

Es por ello, que, en la Edad Media, la iglesia multiplica la plantación de vides y en los monasterios, la actividad agrícola principal pasa a ser las cepas.

Y así, debido a la extensión del cristianismo, el consumo del vino se popularizó en toda Europa incorporándose como elemento fundamental de la dieta alimenticia para la población.

Y ahora bien, dicho todo esto, ¿verdad que hay una importante y clara relación entre el vino y el arte? Desde mi punto de vista, muchísimo mas de lo que me podría imaginar.

Eva Sena,

“Manuel Mantero”

FOTO BLOG HOY 01-10

En nuestro blog de hoy queremos hacer un homenaje al poeta, novelista y ensayista Manuel Mantero.
Nació en Sevilla el 29 de julio de 1930, es miembro de la Real Academia Sevillana de Buenas Letras y ha obtenido varios premios, entre ellos el Premio Nacional de Literatura de España.
La foto y la poesía se han reproducido  del libro “Poesía Religiosa” de Leopoldo de Luis.
Gloria

¡Gloria, Señor, oh Cristo, Tú, encargado del

hombre más que de los ángeles,
grada infinita,
vereda noble donde lo común afluye,
nudo nunca oneroso, en alto, tenso, como si te hicieras truco indio,
mitad, momento justo del beso clamoroso,
lumbre en su centro,
placer, locura atravesada por el alfiler puro de la oportunidad,
Cristo que velas,
que vences con tu ojo inalterable
y tus pies que, de niño, fueron blancos,
Cristo que nos presentas
a la asamblea familiar, sonriendo!
¡Gloria, Dios nuestro,
en tu espada y tu vello mal sudado,
en tu soplo sin límites;
gloria, Dios nuestro valedor,
leche nuestra, pulmón paterno,
desgarramiento en paz,
presencia que nos doras con el vigor nunca demolido de tu resplandor,
Dios en el plato,
Dios en la silla,
Dios en la calle,
Dios en el pan,
Dios en el pájaro,
Dios en el Dios!

“El otoño y las artes”

PUBLICACION 24-09

Hace nada hablábamos del verano y hace nada, tan solo uno días, hemos pisado otoño. Si hay algo en lo que creo (a parte de en Dios) es que el tiempo pasa sin darnos absolutamente nada de cuenta.

Otoño, es solamente pensar en esta estación y lo que se me viene a la cabeza es un nuevo cambio. Cambio de actividades, cambio de clima, cambio de moda, y lo que más me impacta es en el cambio de colores, ¿a vosotros no? No me digáis que es oír mencionar la palabra otoño o pensar en esta estación tan propia de cambios y no os aparece en la mente unas imágenes a modo de fotografías con tardes más oscuras por el acortamiento de los días y con las calles vestidas de hojas rojizas, marrones y amarillas. Hojas las cuales habían sido tan fieles a sus árboles durante el resto del año y que por motivos de la propia estación han acabado abandonando sus ramas para, en unos meses, dar paso a otras nuevas hojas con colores que nos transmiten más vida y alegría.

Hablando de fotografías, mención dicha en mi párrafo anterior (aunque fuese tan sólo en forma de metáfora) dejadme comentaros algo que me acaba de venir a la mente y que mis dedos no se pueden resistir y necesitan anisadamente teclear para contároslo. Esto es en referencia al arte de la fotografía, arte que no pasa para nada desapercibido en esta Asociación tan plena de fe y tan llena de arte, así como repleta de artistas contemporáneos (de ahí su nombre “Arte y Fe”). Pues lo que os quería decir es que no se si a vosotros, pero en mi caso, las fotografías tomadas en esta estación, en otoño, me traen, sobre todo sentimiento de nostalgia; al igual que las fotografías antiguas que se revelaban en tono sepia o incluso las fotografías de hoy en día retocadas en modo sepia.

A mí, principalmente, y no me preguntéis porqué, el otoño es una de las estaciones que más me inspiran para escribir. A lo mismo es porque al ser una época algo más fría, la cual te invita a estar más en casa debido al frío que a veces trae y debido a que los días tardan menos en convertirse en noche, me apetece estar recogida y disfrutar de un ambiente más hogareño estando, por ejemplo, sentada en el sofá (sitio el cual acostumbro escoger para ponerme a escribir o al menos para intentar hacerlo, porque la inspiración, al menos la mía, es así de inesperada, que a veces te llama cuando menos la buscas y cuando la necesitas es cuando no se sabe nada de ella).

Pienso también que es una muy buena época para adentrarnos algo más en el arte visitando los museos tan espectaculares que nos brinda Madrid o cualquiera de las ciudades en las que estéis, ya que, absolutamente todas las ciudades tienen infinidad de museos y a cuál de ellos más espectaculares.

Y ya, ya me imagino lo que vais a pensar y es que “ya habéis ido”. Eso no importa, esta estación es muy buena época para volver a visitarlos puesto que podéis encontrar obras de arte nuevas, exposiciones exclusivas y un largo sin fin de novedades que siempre el arte nos ofrece.

También podemos aprovechar el arte en esta estación echando fotografías; como, por ejemplo, de alguien pisando las desahuciadas hojas de los árboles o si sois más de paisajes, echar fotos a alguno de los paisajes convertidos en sensacionales escenas para la retina inmersas en colores cálidos con sus tonalidades naranjas, ocres, amarillas y marrones.

No me vais a decir que no es una estación ideal para salir y con el objetivo de la cámara apuntar a todo aquello que más nos impacte para luego revelarlo o guardarlo y acumularlo en el baúl de los recuerdos. Puesto que cualquier fotografía vista, ya bien al largo tiempo de haberla hecho o bien al poco tiempo de su realización, nos va a traer recuerdos, sentimientos y a lo mismo también un poquito de nostalgia.

Y si no os convence ninguna de estas dos propuestas, a esta tercera opción no creo yo que no me vayáis a decir que no. Os invito a dejaros llevar por esta nueva estación que acabamos de pisar y aprovechar para dar rienda suelta a la inspiración y cada cual con su arte plasmar lo que el Señor o el Espíritu Santo le ponga en su corazón para darlo a conocer al mundo.

Artistas y apasionados del arte, con este artículo os quiero decir y en estas últimas cinco líneas os vengo a resumir que no hay excusas para dar de lado al arte y cualquier estación del año es increíblemente bella y super apropiada para disfrutar del arte.

No nos olvidemos nunca de las sabias, acertadas y correctísimas palabras que nos dedicó en su día el Papa Francisco referente al arte las cuales son “el arte comparte con la fe el mismo camino: el de la belleza”.

Ignacio Pereira y Eva Sena,

“El Arte Religioso y los Museos”

El Arte Religioso y los Museoss-Blog y Foto ElenaMtzA-17sept2019

Hace unos días tuve la oportunidad de visitar el renovado Museo de Arte Religioso de la Colegiata de San Cosme y San Damián en Covarrubias, en la provincia de Burgos, que reabrió en mayo sus puertas, completando así  la propuesta en el entorno por la XXIV edición de “Las Edades del Hombre” que hasta el mes de noviembre se celebra en Lerma. Este museo forma parte del foco de atracción cultural, turística y de la fe en la comarca del Arlanza.

Mientras escuchaba al guía, iba contemplando las esculturas, cuadros, retablos, ornamentos y orfebrería, y pensaba en la cantidad de arte religioso que hay en España y muchas veces lo desconocemos o no visitamos. Aprender de lo que ya tenemos, aprender del pasado es una fuente de formación impresionante para crear en el presente.

¿Quién iba a pensar que en un pueblo castellano de tanto encanto se guardan auténticas maravillas de arte religioso? Entre todas las obras destaca el Tríptico de los Reyes Magos en madera policromada, de finales del siglo XV, de Gil de Siloé y la pintura de Cristo Resucitado, de Diego de la Cruz. El retablo mayor de la Iglesia es del siglo XVIII dedicado a San Cosme y San Damián. Y no me puedo olvidar del claustro del  siglo XVI, así como del órgano de la segunda mitad del siglo XVII que todavía funciona perfectamente.

Es cierto que Castilla y León atesora una gran parte del patrimonio cultural español, casi 400 museos que recogen la riqueza artística, cultural y etnográfica de la región. Pero nunca deja de sorprenderte lo que descubres por toda la geografía española. Es desviarse unos pocos kilómetros con el coche de cualquier carretera nacional y uno se encuentra con auténticas obras de arte religioso (iglesias, conventos, escultura, pintura, libros antiguos que son verdaderas joyas, y por supuesto museos como el de la Catedral de Santiago).

Reflexionaba y pensaba si dentro de unos años o siglos estarán expuestas nuestras obras de arte religioso contemporáneo como auténticas maravillas en museos. Y para lo que nosotros es arte contemporáneo para nuestras futuras generaciones será arte religioso del siglo XX, XXI. Y a los artistas les ayudarán nuestras obras para crear, les servirán de inspiración como nos sirven a nosotros las obras de siglos pasados. Se asombrarán de ser una época que combina el óleo con las técnicas más modernas como el fotorealismo o el modelo en 3D o el graffiti ecológico, y que usamos las tecnologías al servicio de todas las artes.

Y es que los museos nos sirven para conocer, aprender y admirar lo que se hacía en otras épocas. Nos enseñan técnicas pero también a través de las obras descubrimos costumbres y tradiciones. Y lo que tienen en común todas las obras que nos paramos a contemplar es la evangelización. Expresada de diferentes maneras, estilos, técnicas y materiales todas las obras hablan de Dios Padre, de Dios Espíritu Santo y de Dios Hijo en la figura de Jesucristo. Nos enseñan las diferentes facetas de la vida de la Virgen, de la vida de los Santos y de todo aquello relacionado con la fe. Las obras nos llevan a Dios, a comprender, a entender y aprender. A los artistas de hoy en día nos tiene que servir para saber comunicar y trasladar el amor de Dios a través de la arquitectura, la escultura, la pintura, la poesía, la música…Nosotros también tenemos la misión de evangelizar con el don que nos ha dado el Señor a cada uno, y debemos aprovecharlo. Da igual el paso de los años que la evangelización a través del arte religioso permanece.

Querido artista, trabaja, estudia y reza para que tus obras en unos años o siglos se puedan exponer en museos, iglesias, centros culturales… como auténticas obras de arte de referencia y que sirvan para evangelizar a los demás. ¡Entremos por la puerta de los museos religiosos para aprender del pasado y crear nuevas obras!

Elena Mtz-Acitores

“Un nuevo curso lleno de Arte y Fe”

foto blog 10-09

De vuelta al ruedo y con la creatividad cargada amanece un día nuevo de la mano de septiembre.

Tantos días separados, pero continuamente unidos junto a Dios, han pasado desde nuestro último blog con uno de nuestros gigantes en el mundo de la poesía, con Valentín Arteaga.

Infinidad de días de la mano de Dios nos esperan para compartir nuevas obras, para asistir a increíbles eventos, para seguir sorprendiéndonos de la mano de todos nuestros artistas, para cumplir tantos sueños que siempre dejamos sin cumplir y para sentir juntos las emociones que todos nuestros artistas nos transmiten con sus obras, ya bien con sus escritos, ya bien con su música, ya bien con sus películas, ya bien con sus fotografías… En resumen, con el arte que Dios les ha dado y que ellos no han puesto ningún reparo en aceptarlo para enseñárnoslo.

Yo como siempre, pensando en que contaros, y, tras tanto pensamiento este último es el que me ha dicho que es el que debe de salir a la luz. El pensamiento del recuerdo de mi paseo en el atardecer por uno de mis lugares favoritos de esta gran ciudad llamada Madrid.

Veréis, en mis últimos días del mes de agosto, disfrutando de un largo paseo por el tranquilo Madrid Rio andaba recopilando acontecimientos, hechos y realidades sucedidas en este periodo de vacaciones (para la mayoría de nosotros) porque siempre hay que pensar que no el cien por cien puede disfrutar de vacacionar en el mes preferido por todos, agosto.

Mientras navegaba por mis recuerdos de este ultimo mes, El, como siempre, estaba en ellos presente, diciéndome en algunos recuerdos dónde le había dejado, en otros recuerdos diciéndome que por qué no le había escuchado y en todos y en cada uno de los recuerdos diciéndome también que a pesar de los pesares Él siempre ha estado.

Y en este caso la cuestión no es El, la cuestión soy yo. La cuestión es donde le dejo a la hora de realizar uno de mis hobbies más apasionados como es la poesía; la cuestión es a quién escuchan mis oídos cuando pido y reclamo inspiración a la hora de escribir, y puestos a cuestionarnos, otra cuestión es, porqué no soy capaz de dejarlo todo cuando lo debo dejar y abandonarme en El cuándo en El me debo abandonar en cuanto me encamino ya no solo en el arte, sino también, en cualquier que hacer por insignificante y simple que resulte.

¿Sabéis qué?

Que para mí septiembre es uno de mis mejores meses.

¿Y sabéis por qué?

Porque es como un volver a empezar. Ese volver a empezar del que escuché hablar hace unos cuatro días en la parroquia a la que suelo ir por cercanía. Ese volver a empezar en todo lo que hacemos y en cualquiera de los aspectos. Ese volver a empezar cuando nos sale algo mal y miramos a Dios y es El quien nos hace continuar o volver a empezar por muy mal que nos pueda parecer su plan. Ese volver a empezar, sobre todo, cuando no hay manera de que salga una obra que plasme lo que el corazón siente, o inclusive cuando una obra recién finalizada o a punto de estar terminada nos transmite algo totalmente distinto a lo que teníamos dibujado en nuestra inspiración.

Y tras estos dos “sabéis” sólo me queda animaros a estrenar este nuevo empezar, ante todo y sin lugar a dudas, de la mano de Dios; y, seguidamente haciéndolo de la forma en que lo estoy haciendo yo (o al menos lo estoy intentando), dividiendo el modo dependiendo de uno de estos dos aspectos.

Del modo en cuanto me planto en frente del folio en blanco para teclear todo aquello que mi corazón siente y mi razón supone, teniendo siempre presente al Señor para que no me quepa ninguna duda de que lo transcrito, anotado o transmitido es justo lo que el Señor quiere que escriba y transmita, modo el cual estoy llevando a cabo a partir de ayer.

Y del modo en cuanto me freno ante una obra de arte, no para entenderla a mi manera, ni para verla a través de mis ojos ni para sentirla por mis latidos. Si no, para entenderla, así como el Señor ha querido que sea realizada, con el fin de que mi atención se pare en ella para tocar alguna de las cosas que mi corazón lleva; para verla con la mirada de la sabiduría y entendimiento de El y para sentirla como si fuese yo la autora de la obra y no la espectadora de ella.

Os deseamos un feliz y entusiasmante curso lleno de Arte y Fe.

Eva Sena,

“Un milagroso recinto”

Valentin Arteaga-23julio 2019-Isaac Abad.jpg

La palabra es un milagroso recinto donde resuena el mundo. Se lleva uno a los oídos del alma la caracola de la palabra, y escucha en los valles de su ser cómo se hace música la existencia: los largos y antiquísimos temporales de lluvia encima de los bosques; el despertar ligero de las aves cuando las mañanas acuden, diáfanas, de su propia resurrección; el crepitar del fuego sobre los montes; los hombres y mujeres, eternos y como recién nacidos, que se miran unos a otros y se aturden. El universo todo es una música que resuena en el interior de la palabra. Vamos, de palabra en palabra, hacia el descubrimiento atónito de lo que somos y aún podemos ser todavía.

No hay hombre sin palabra porque no podríamos resistir un instante sobre el mapa de las relaciones. Hemos nacido para nombrarnos unos a otros y deletrear las cosas: piedra, río, flor, madrugada, selva, fuente, mediodía, cántaro… Si no se sabe decir amor, madre, hija, esposa, hermano…, no eres persona.

La palabra es la llave que facilita el acceso al prodigio. Imposible imaginar una especie muda, un universo mudo, calladas las selvas, sin canto las aves, sumidos en el silencio los ríos, sin canciones la presencia de las mujeres al término de la playa, los hombres detrás de sus carromatos sin decirse el uno al otro: buenos días, toma un trozo de pan, dame un trago de vino… Toda palabra trae entre sus sílabas las muestras de la santidad inicial de la tribu, y viene, magnífica y milagrosa, para poder reunirnos. La finalidad de la palabra es convertirnos en comunidad.

¿Qué sucede cuando la palabra se destruye? Que el hombre y la creación descienden de nivel. La palabra es la posibilidad más emocionante de supervivencia que tenemos como especie. Cuando se pierden el cuidado y la veneración por la palabra, están a punto de perderse también las relaciones que nos debemos los unos a los otros, que estamos puestos sobre la tierra para pronunciar: te quiero, mujer; toma esta manzana, hombre…

Si se convierte la palabra en herramienta de destrucción ha olvidado su misión. ¿Cómo nos vamos a dirigir hacia donde nuestro ser se encamina, si nos quedamos sin palabras?

Más, muchísimo más, que cuidarnos de aguantar y resistir sobre la intemperie de la tierra todavía –el trabajo y el bienestar, la comida y el vestido, los mares y los ríos– debemos ocuparnos en que no se convierta la palabra en grito de embestida y odio que destruye. La palabra es la estrella que nos orienta en la noche.

Valentín Arteaga

“María Elvira Lacaci”

foto blog 16-07

Hace días, no muchos, la verdad (pero en realidad no sé cuántos exactamente) por parte de una grandísima y espectacular amiga, tan grandísima como espectacular, recibí un poema. Un poema que jamás había leído, un poema de una escritora de quien jamás había oído mencionar y un poema el cual jamás de los jamases caerá en el olvido.

En principio, este poema no me dijo mucho, sí es cierto que me encantó de buenas a primeras ya no sólo por su sonido, por su rima y por su ritmo; sino también por su sentido, significado y sentimiento que plasma su autora, María Elvira Lacaci.

Tal fue el encandilamiento que me produjo su belleza que estos días, sin saber por qué, aunque si por quién, la necesidad que requería mi aliento para continuar en estos momentos en los que todos nos hemos encontrado alguna que otra vez, me hizo recurrir al poema que os hablo, el cual os comparto en unas líneas más abajo.

Bendito poema el que fui a recibir y bendita providencia la que hizo que dicha amiga me lo fuera a enviar para que no sólo cayera en mis manos para que mi corazón lo sintiera, sino para que también mis sentimientos, muchas veces, a Dios gracias, esporádicos y contradictorios a mis convicciones por causa de los tropiezos que según cuando la vida te origina, desaparezcan tan pronto como se avecinan.

Siempre que hablo de este poema o pienso en el mi convicción aumenta progresivamente cerciorándose de que es fruto de la divina providencia. Y os diré por qué, motivo que creo yo que entenderéis a la perfección en cuanto lo leáis. Motivo el cual no es ningún otro más que, porque las palabras del título de la poesía protagonista de hoy día “Te veo tanto” así como también las palabras de uno de sus versos, concretamente, el penúltimo “No te apartes Señor, Señor. Que yo te sienta” resultan ser el espejo en donde los sentimientos de María Elvira Lacaci, la autora del poema, se reflejan con los míos cuando en Dios pienso, cuando con Dios camino y cuando junto a Dios vivo.

“Te veo tanto”

Te veo tanto, Dios, en lo mudable,

en las pequeñas cosas que creaste,

que a menudo

tu aliento en su materia me intimida.

Y anhelo tu presencia,

tu contacto en mi alma

desasida de roces. De contornos. De aromas.

Pero sentirte así tan allegado

en cada cosa que a mis ojos nace,

me hace daño Señor.

Te quiero cerca. Pero así tanto, tanto…

Cobrando dimensiones gigantescas

no te puedo llevar.

Y,

bruscamente,

aparto la mirada

de un guijarro,

de una flor con rocío,

de un bello animal…

por donde asoman

tus misteriosos ojos a la Vida.

Tienes que disculpar que yo rehúya

esta vivencia tuya que me encorva,

ese profundo grito que me invade

más allá de lo humano

de mis huesos.

Mi materia es endeble

y Tú te adentras

como saeta azul por sus tejidos.

Y, a veces,

resquebrajarse teme

con tu peso.

Tu peso sin medida. Solo viento.

Celeste viento fuerte que me ciega

si no bajo los párpados. Herida.

No te apartes, Señor. Que yo te sienta.

Pero así, tanto, tanto…

María Elvira Lacaci

Eva Sena

“Fotografía y Fe”

FOTOGRAFIA ISAAC

La fotografía no es sólo plasmar lo que hay delante de la cámara. Es una visión subjetiva de la realidad, condicionada por ángulo, encuadre, lapso de tiempo. El fotógrafo, en tanto que artista, utiliza estos usos técnicos para expresarse.

El pintor René Magritte hizo un cuadro llamado “ceci n´est pas une pipe”, “esto no es una pipa”. En la que se muestra una pipa, una representación de una pipa. En una obra fotográfica siempre veremos una representación de la realidad.

Henri Cartier-Bresson, describía su fotografía como la del “momento decisivo”. Una décima de segundo que hará que un disparo sea totalmente distinto al de la décima siguiente, y uno sólo sea el momento perfecto. O como Elliot Erwitt, seleccionando motivos “con ojo”, situándose al momento del disparo en el ángulo y tiro de cámara perfecto. O como Irving Penn, orquestando el motivo a fotografiar, luz,  colocación, fondo,…

La fotografía es un buen medio para expresarse en un plano bidimensional.

Ahora viene lo complicado. Cómo expreso por medio de la fotografía mi Fe.

Bueno, no es tan difícil. Mostrando belleza.

Belleza y arte van juntos.

Un valle a contraluz, una mirada penetrante, un bodegón en el que “tocas” las cosas que aparecen. Por un lado el elemento a fotografiar y por otro la herramienta a usar.  El éxito de la imagen está en que sirva para provocar sensaciones, sentimientos que armonicen en tu interior, en lo bello. No comentaré sobre algún arte tipo trasgresor, que quizá busque lo contrario. Conscientemente no puedo mostrar fealdad, necesito que mis fotos muestren belleza.

Como católico hay otro aspecto que me interpela en esta actividad. Y es el de saberse agraciado. Necesito dar gracias a Dios por unos dones que me ha regalado para poder desarrollar una actividad.  Y compartirlos con los demás mostrando esas obras.

Isaac Abad,

“Verano y fe”

foto blog 2-07

De nuevo yo, de nuevo El, de nuevo una hoja en blanco sin saber que poner tras el caos que me supone muchas veces el no saber que hacer y de nuevo El diciéndome que Enero, Septiembre, Abril, Julio, Febrero, Noviembre o el mes que quiera que sea o que fuere está siempre y recordándome a cada instante que Invierno, Otoño o Verano, da igual la estación del año que estemos pisando, Él está incesantemente.

De esto quería hablaros hoy, hoy que es 02 de Julio, fecha en la que creo que, por fin, ya se ha ido esta pesada ola de calor y fecha que nos indica el principio de las vacaciones para la inmensa mayoría de nosotros; lo cual nos implica en pensar en playa, en pensar en conocer el destino que tenemos planeado para veranear, en pensar en irnos de terrazas, en olvidarnos un poco (por no decir bastante) del estrés y de las responsabilidades del trabajo, en pensar en disfrutar al máximo los largos días que nos ofrece el verano y en pensar en aprovechar el buen tiempo que nos brinda esta estación, el verano, la estación preferida por casi todos nosotros.

Os lo tengo que reconocer, no os lo puedo ocultar, yo, hasta ayer mismo he pensado exactamente en lo mismo y sigo pensándolo, pero de un modo algo distinto. Al igual que también he estado, desde hace meses, contando los días para que llegase este verano; el cual será un nuevo verano con nuevos planes añadidos a los que tengo de costumbre, con nueva gente sin olvidarme de la de siempre y con nuevas experiencias ya bien inesperadas por mi sorpresa o ya bien deseadas por mis ganas de vivirlas.

Así como os he dicho que sigo pensando exactamente en todo esto que os he mencionado lo que con algún que otro matiz agregado, dejadme por fa, que os cuente el motivo de lo sucedido el cual me ha llevado a agregarle un solo pero importantísimo y vital matiz.

Veréis, hace un par de días, estaba preparando las cosas de la maleta que me tengo que hacer para irme estos cuatro días de escapada de finde largo, pensando en todo lo que me tengo que llevar, en lo que voy a tener que necesitar y demás, y de repente mi corazón sintió algo, algo que despertó el interés a mi razón y algo que me decía con absoluta firmeza y con tremebunda destreza: – ¿y yo? –

Pues es que es verdad, ¿y El? ¿Dónde le tenía el momento en que planeaba las vacaciones, el momento en que me las ingeniaba en cómo organizarme para disfrutar al máximo los largos días que nos regala el verano y el momento en que me las ideaba para aprovechar al 100% todos los días vacacionales que voy a vivir? Es más, sin ir más lejos, ¿dónde le tenía ayer, justo ayer, cuando estaba empezando a organizar los preparativos para la escapada? No puedo mentir, no le tenía en el mismo lugar que le tengo cuando necesito recurrir a El, ni en el mismo lugar que le tengo cuando las cosas vienen de la manera que no quiero que vengan y ni en el mismo lugar que le tengo cuando la desesperación intenta abarcar todo lo que mi ser pueda alcanzar. Simplemente y llanamente, no le tenía. Y así me van luego las cosas por no tenerle, mejor dicho, por no querer tenerle o por no querer percatarme de que le tengo. Porque tenerle, siempre le tenemos, siempre está, a la espera de todo, de lo bueno y de lo no tan bueno, sin importarle absolutamente nada, queriendo solamente estar con nosotros y contar con nosotros.

A raíz de ese sutil toque de atención que me hizo por su parte con su breve pero directa y razonable pregunta ¿y yo?, me paré a pensar y me dije a mí misma: -no señor, ni en mis planes de verano y ni en el lugar donde vaya a veranear mi fe no se va a quedar estacionada en la estantería como si de un libro de lectura más se tratase y mis compromisos con El no los voy a dejar anotados en la Agenda para a partir de los días de mi vuelta-  porque el Sí que le di a Él se lo di acompañado de cinco letras más que juntas suman la palabra siempre. Y siempre es siempre, independientemente de lo que me toque vivir e independientemente de los días que vayan a venir. Porque así es su siempre hacia nosotros, un siempre sin excepciones, sin reproches y sin vacaciones.

Es por ello que a mi lista de cosas que hacer en vacaciones he anotado unas cuantas más, como por ejemplo, ir a misa (aunque a la gente con que vaya no le guste mi plan) o como por ejemplo, también, agradecer a Dios por cada segundo de mi vida que me regala y por la gente tan insuperablemente maravillosa que me presenta.

Y, de lo que no me quiero olvidar de meter en la maleta es el evangelio diario, puesto que su palabra es vida y mi vida sin su palabra es ceniza, mi libro de oraciones las cuales me recuerdan que siempre hay un momento al día para dedicar mi intimidad a Dios y dejarle que entre en mi corazón conversando con El y sobre todo para escucharle, ya que como dice mi Santa, Santa Teresa: “rezar es encontrar el camino hacia Dios” y este es el camino del cual no me quiero desviar y en el cual me quiero dirigir, y como no, en mi maleta no puede faltar nunca un libro, y esta vez el libro escogido para vacaciones no va a ser uno de poesía (como siempre llevo) sino que va a ser el que muero de ganas por empezar a leer. Este es uno de los libros sobre Pablo VI, quien me tiene prendada hasta la médula desde que fui a su beatificación, libro que tiene por título “Pablo VI, ese gran desconocido” escrito por Manuel Robles Freire – os dejo el autor del libro por si os entra curiosidad tengáis los datos completos -.

Eva Sena,